domingo, 6 de enero de 2013

Mi primera Toma (crónica a vuelapluma)





                        2 de Enero de 2013. 11 h. Salgo de mi casa para ir a mi primera Toma. No es que me vayan a dar el pecho por primera vez ni que me haya metido a director de cine. Es que voy a asistir, por fin, a la conmemoración en la Plaza del Carmen de la entrada en Granada de los Reyes Católicos. 521 años después para ellos y 43 para mí.

                        Lo intenté hace un par de años, pero cuando llegué al Ayuntamiento ya se había ido todo el mundo. Los RRCC podían haber tomado Granada a la hora que los demás tomamos el aperitivo.

                        11,10 h. Me encuentro por la calle Príncipe al Presidente de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Granada. Lo conozco de verle el careto en el periódico.

                        Tiene una expresión grave, solemne, de tío importante en un día importante. Viste un abrigo azul marino de corte institucional y va acompañado, a una prudente distancia, de otro señor con abrigo. Me da por pensar que igual tiene un asesor. O un escolta.

                        11,15 h. Llego a la Plaza del Carmen. A esa hora ya están allí los ultrasur y los indar gorri, que caldean el ambiente y la espera con sus cánticos tradicionales. “Los genocidios no se celebran”, cantan los independentistas andaluces (que, al parecer, existen); “España cristiana, no musulmana”, replica el facherío.

                        Me doy una vuelta por la plaza para pulsar el ambiente, que diría el clásico.

                        Los ultras de derechas se han situado frente a lo que fue el Club Taurino - lo encuentro muy apropiado, teniendo en cuenta su afición a utilizar la cabeza para embestir-.

                        Los ultras de izquierdas han colocado sus banderas y sus pancartas a las puertas de la ONCE -acertado también, porque a esa hora más de uno ya va ciego como un perro; como un perroflauta, concretamente-.

                        Me pregunto si habrá llegado ya a la plaza alguien con buen juicio. Me tropiezo con Enrique Oviedo. Sigo buscando.

                        11,30 h. Poco a poco la plaza se ha ido llenando de gente. Incluso de gente normal.

                        La comitiva municipal sale a la calle desde el interior del edificio consistorial.

                        En la puerta los Policías Locales esperan al alcalde con el pito en la mano y unas camisetas serigrafiadas. “Alcalde, no das la talla con tu policía”. Como diciendo.

                        Suena el himno de Andalucía, que pitan los falangistas. El de España lo silban los abertzales.

                        El alcalde y los concejales miran al cielo y piensan que podría haber sido peor. Se les podía haber cagado encima el caballo de Moratalla.

                        El cortejo se pierde Reyes Católicos arriba (con perdón), camino de la Capilla Real.

                        12 h. Me acerco a Bib Rambla (léase birrambla) a tomarme un chocolate con media de churros, que la mañana es luminosa pero gélida. Es esta una tradición sin polémica. O igual me precipito, que en Granada nunca se sabe.  

                        Me siento en una mesita a la entrada y tomo algunas notas en una pequeña libreta que siempre me acompaña (a partir de ahora lo haré en el Moleskine que me han traido los Reyes Magos berlineses).

                        12,30 h. Pago el chocolate y los churros y vuelvo a la Plaza del Carmen. Está a rebosar. Es decir, 3.000 personas. Toda Granada, según los partidarios. Una minoría nostálgica para los detractores. 

                        Avanzo entre el gentío y un joven recién salido del casting de “Amar en tiempos revueltos” me entrega media cuartilla, impresa por Democracia Nacional, relativa a la Toma de Granada: “Una nueva Reconquista para defender nuestra identidad, para defender lo nuestro”. No me imagino qué les voy a enseñar a mis amigos del norte cuando se lleven la Alhambra a Dubai. El resto es bazofia neonazi de manual: los españoles primero en las ayudas sociales y en los puestos de trabajo y todo eso. No son peligrosos. Por ahora.

                        12,45 h. Me dice un entendido en tradiciones granaínas que quedan tres cuartos de hora para que el cortejo vuelva a la Plaza.

                        La espera se hace larga pero los grupos ultras se ocupan de animar el gallinero y entretener a la parroquia. “No a la Toma, sí a Mariana”, gritan desde el Fondo Norte. “No a la Toma… de estupefacientes”, completan la frase los del Fondo Sur. “Hoy como ayer, Fernando e Isabel”, vocean los fachas. “Isabel es una guarra”, replican los batasunis. Ahora entiendo lo del Pendón de Castilla.

                        Me viene a la memoria la imagen de Dani Benítez y Quique Pina cantando a dúo “la Dama de Elche trabaja en Don José”, desde el balcón del Ayuntamiento, el día del ascenso del Granada e imagino que fue en esta misma plaza donde la mítica Cecilia concibió aquella famosa letra, “ dama, dama, de alta cuna, de baja cama”.

                        13,30 h. El experto lo ha clavado, la comitiva entra de nuevo en la Plaza del Ayuntamiento. Desde la pequeña reforma del ceremonial llevada a cabo hace unos años, encabeza el cortejo un morisco, que es como Luis Salvador, el sociata que va a las tertulias de Intereconomía: un tío que cobra para que se caguen en su puta madre.

                        Entonces estalla lo que el cura de la Peza definió de manera precisa como “el follaero de María Santísima”.

                        Gritos, insultos, “asesinos”, pitos a los himnos, banderas de España con el pollo al viento, “vosotros fascistas, sois los terroristas”, policías locales más chulos de lo habitual (se puede), un tío de Móstoles (menuda empanada), con pinta de bajista de Gabinete Caligari, replicando “el fascismo es alegría”, petardos, un niñato canta “concejal maricón, en Marruecos paredón”, para regocijo de un falangista viejo con pinta de bujarrón, “¡Granada…!”, “qué”, “¡Granada…!”, “qué”, “¡Granada…!”, “qué pollah quiereh”… Y finalmente, la plaza vacía y el silencio, como hace dos años, cuando llegué tarde.

                        14,15 h. Agotado, me dirijo a un bar de la Pescadería, donde me conocen. El camarero, que es argentino, me saluda:

                        - “Buenas tardes,¿qué tal?

                        - “Nada, que vengo de la Toma”.

                        - “¿Qué Toma?”

                        -“Una cervecita, por favor”.

                        - “¿Aguila o Alhambra?” 

                        Me quedo pensativo unos segundos.

                        - “Ya he tenido bastante por hoy. Mejor póngame un Rioja”.