viernes, 21 de junio de 2013

Cosa Nostra (I)



                          El primer diccionario de dialecto siciliano que registra la palabra "mafia" es el del Traina, publicado en 1.868, y la da como nueva, llevada a Sicilia por los piamonteses, es decir, por los soldados y funcionarios llegados a la isla después de Garibaldi. No obstante, el origen de la palabra, según el Traina, es toscano y quiere decir "miseria".

                        El término mafia tiene además otras acepciones: "osadía, seguridad de ánimo, superioridad, conciencia de ser hombre, valentía, coraje"; en este sentido "el mafioso" es el hombre que no se arredra ante nada, que “non porta mosca sul naso".

                        Sobre la naturaleza de la mafia ha habido desde siempre una encendida polémica en Italia, polémica que ha llegado hasta nuestros días y que ha contribuido a alimentar el natural reservado del siciliano.

                        La cuestión se centraba en saber si se trataba de una organización, con una determinada estructura, estatutos, etc. o si por el contrario, dicha asociación jamás había existido.
   
                        En la atmósfera siciliana se respiró durante muchísimo tiempo una cultura institucional que negaba la existencia de la mafia y rechazaba cuanto hacía referencia  a la misma.

                        Tratar de dar un nombre al malestar social siciliano equivalía a rendirse a los "ataques del Norte".

                        En este frente de batalla se movió G. Pitré (1.841-1.916), el más importante investigador de las tradiciones populares sicilianas, para el que la mafia no es una secta, ni una organización y no tiene reglas ni estatutos. La mafia, según Pitré, es la conciencia del propio ser, el exagerado concepto de la fuerza individual, único medio para resolver cualquier conflicto.

                        Para otros muchos estudiosos, entre los que se encuentran Barzini, Bonfadini, Mosca, o el sociólogo alemán Henner Hess, la mafia no es, efectivamente, otra cosa que una filosofía de la vida, un estado de ánimo, una concepción de la sociedad y un código moral imperantes entre los sicilianos.

                        Estos aprenden desde la cuna que deben ayudarse mutuamente, tomar partido por los amigos y combatir los enemigos comunes, incluso cuando los amigos estén equivocados y los enemigos lleven razón; cada uno debe defender su propia dignidad a cualquier costo y no consentir jamás que el mínimo insulto u ofensa queden sin venganza; todos deben guardar los secretos y desconfiar de las autoridades oficiales y de las leyes. En este sentido, es mafioso quien se comporta con visible orgullo.

                        No todos los sicilianos, sin embargo, han negado la existencia de la mafia como asociación criminal ni han considerado ofensivo para Sicilia el hablar de ella. Es más, públicamente la han denunciado y combatido, considerando absurdo y dañoso el principio de que los males que sufre un pueblo deben ser escondidos o minimizados.

                        Los males sociales son iguales que las enfermedades individuales: esconderlos, negarlos, significa no querer curarlos, no querer librarse de ellos.

                        Hay incluso quien, como el investigador Ed Reid, en una afirmación sin duda exagerada considera que la organización fue creada el 30 de Marzo de 1.282, durante "las Vísperas Sicilianas", y que su nombre deriva del grito de batalla: "Morte alla Francia Italia anela!".

                        Hasta mediados de los años ochenta del siglo XX, la confusión sobre la naturaleza de la mafia reinó soberana. De una parte se decía: "Todo es mafia". De la otra: "La mafia no existe". Todo ello en un contexto de atentados, asesinatos, extorsiones y otros  hechos gravísimos.

                        Sin embargo, en 1.984 la investigación sobre este asunto sufrió un salto cualitativo importantísimo con la aparición de los "arrepentidos" (miembros de la mafia que por primera vez declaraban ante la Justicia) entre los que jugó un papel básico Tomasso Buscetta, don Masino.

                        Las declaraciones del llamado "boss dei due mondi" ("jefe de de los dos mundos", por su vinculación a las mafias siciliana y americana) después de su detención en Brasil, ante el juez Giovanni Falcone, en las que hizo referencia a la existencia de una organización denominada Cosa Nostra, de la que describió estructura, ritos de iniciación etc, supusieron el punto de no retorno en la polémica sobre la naturaleza de la mafia, constituyendo lo que se dio en llamar el "teorema Buscetta".

                        El "teorema Buscetta", criticado por esa parte de la "intelligentzia", del mundo político, judicial,. etc, que se resistía a reconocer la existencia de la mafia, fue ratificado por otros arrepentidos posteriores, como Antonino Calderone, Francesco Marino Mannoia, Vincenzo Sinagra, etc.

                        Las declaraciones del "arrepentido" Buscetta permitieron el conocimiento de una gran cantidad de datos sobre la mafia, que habían sido desde siempre celosamente guardados por los "hombres de honor".

                        Gracias a su testimonio se ha podido conocer, por ejemplo, la fórmula de ingreso en la organización.
    
                        Al momento de la iniciación, el candidato o candidatos son conducidos a una habitación, en presencia del "representante" de la "familia" y de otros "hombres de honor".

                        Entonces el "representante" expone a los futuros "hombres de honor" las normas que regulan la organización, afirmando antes de nada que la llamada generalmente mafia, en realidad se llama "Cosa Nostra".

                        Advierte después a los recién llegados, que están todavía a tiempo de renunciar a la afiliación y les recuerda las obligaciones que comporta la pertenencia a la organización: no desear a la mujer de otro "uomo d'onore", no robar, no explotar la prostitución, no hablar de más, etc.

                        Acabada la explicación de las normas, y reafirmada por el candidato la voluntad de entrar en la organización, el "representante" invita a los neonatos a elegir un padrino entre los miembros presentes.

                        Después tiene lugar la ceremonia del juramento, que consiste en preguntarle a cada uno con qué mano dispara y practicarle después una pequeña incisión en el dedo índice de la mano indicada con el fin de hacer salir una gota de sangre, que se extenderá sobre una imagen sagrada (a menudo la de la Anunciación, que es considerada la patrona de Cosa Nostra).

                        A la imagen se le prende fuego posteriormente, mientras el iniciado, intentando no apagarlo, se la pasa de una mano a otra y jura solemnemente no traicionar nunca las reglas de la organización, mereciendo en caso contrario ser quemado como la imagen.

                        En el momento de practicar la incisión en el dedo, el "representante" le advierte al nuevo "hombre de honor" que no traicione jamás a la organización porque en Cosa Nostra "se entra con sangre y se sale sólo con sangre".