viernes, 28 de junio de 2013

Cosa Nostra (II)


                        
                       La mafia es un sistema económico, un sistema patológico de poder, que se hace Estado allí donde el Estado está trágicamente ausente. El contenido político de sus acciones la convierte, sin duda, en una solución alternativa al sistema democrático, haciendo uso y abuso de los valores tradicionales de la cultura siciliana.

                        La "omertá", por ejemplo, como muchas otras características del mafioso, lo es del siciliano en general.

                        "Omertá" deriva del siciliano "omu", hombre. El significado global del concepto hace referencia a la imagen del verdadero hombre.

                        Para los sicilianos, la naturaleza del verdadero hombre consiste en saberse hacer respetar por los propios medios, en defender por sí mismo la propiedad, en tutelar y si es necesario limpiar el honor de uno y de la familia, en saber resolver problemas y controversias con la propia fuerza sin invocar la ayuda de otros ni recurrir a la autoridad estatal. Cualquier colaboración con el estado queda excluida y, en consecuencia, "la ley del silencio" se convierte en un precepto fundamental.

                        La tradición siciliana ofrece muchas muestras de esto: "la mejor palabra es aquella que no se dice", "el sordo, el ciego y el que calla viven cien años en paz", "el verdadero hombre no revela nada, ni siquiera bajo las puñaladas".

                        Un ejemplo muy gráfico de la observancia de la "omertá" lo ofrece la película "Con i saluti degli amici", que se desarrolla en un pueblecito siciliano, en cuya plaza un hombre recibe dos disparos de "lupara" (escopeta de cañones recortados símbolo de la mafia rural); un "carabiniere", al verlo en el suelo, se acerca nervioso a preguntarle la identidad de los autores de los disparos, a quienes el hombre ha visto, y este responde negando incluso el hecho: "Spararmi, quando mai?" (¿disparos? ¿qué disparos?).

                        El mafioso, por otro lado, es conservador desde el punto de vista moral; un hombre que haya tenido más de una mujer o mantenga relaciones extraconyugales conocidas, que no es, por tanto, capaz de autocontrol en el plano sexual y sentimental, no es un hombre fiable tampoco desde el punto de vista "profesional".

                        La única mujer verdaderamente importante para un mafioso es la madre de sus hijos. Las otras "sono tutte puttane". El divorcio está muy mal visto.

                        La mafia siciliana, por otra parte y a diferencia de la americana, jamás ha contado entre sus actividades la explotación de la prostitución o del juego; nada tan deshonroso para un siciliano y aún más para un "uomo d'onore".

                        La dignidad es muy importante. Un mafioso que intente suicidarse en la celda de la cárcel donde cumpla condena está destinado a ser eliminado, puesto que ha demostrado no ser capaz de resistir la dureza de la vida carcelaria y por tanto, en general, cualquier situación dificil. Un mafioso que dé muestras de debilidad psicológica o falta de seguridad se arriesga a ser "callado" para siempre. En un grupo como la mafia, que debe defenderse de sus enemigos, el débil o el enfermo no tienen cabida.

                        La discreción, la costumbre de esconder los sentimientos y cualquier manifestación emotiva es una característica fundamental del alma siciliana.

                        En Sicilia está absolutamente fuera de lugar mostrar en público lo que se siente interiormente. Los sicilianos están a años luz de las típicas efusiones meridionales, los sentimientos pertenecen a la esfera privada y no hay motivo para exhibirlos.

                        Es, por tanto, una labor cotidiana para el siciliano y para el "uomo d'onore" la interpretación de los gestos, de los signos, de los mensajes y de los silencios.

                        Por otro lado, el mafioso siciliano ama la modestia, domina el poder y no se deja dominar por éste, odia el exhibicionismo: sabe muy bien que tras el velo de la modestia el poder viene percibido de un modo más inquietante.

                        Es, sin embargo, la violencia la que abre al mafioso la vía del poder. Sin el uso de la violencia física, al menos una vez, "l'uomo d'onore" no puede asegurarse el reconocimiento, ni infundir temor.

                        El mafioso emplea la violencia no tanto para enriquecerse como para hacerse un nombre. La muerte es la sanción usual. El peligro constante (el que representan el Estado, otros mafiosos, etc) hace necesaria una intervención veloz, resuelta y enérgica; por ello, el asesinato ha sido a menudo paragonado a una "condena a muerte sin posibilidad de recurso". Esta violencia brutal última es, precisamente, la que da validez a normas sobre cuya  observancia no vigila ninguna fuerza coercitiva.

                        Además, ni la más mínima ofensa ni el más nimio de los insultos debe quedar sin venganza. Ya lo dice el proverbio: "Una parola male detta: ne viene una vendetta". El mafioso sabe que "la venganza es un plato que se come frío" y ejecutará su sentencia en el momento más inesperado. Una cosa es segura: la sentencia será ejecutada, porque el que abre una cuenta con Cosa Nostra sólo la cierra con la muerte, natural o no.

                        La familia es la única institución verdaderamente viva en la conciencia del siciliano, más como dramático nudo contractual, jurídico, que como agregado natural y sentimental. La familia es el Estado del siciliano.

                        El Estado queda fuera, es una entidad "de facto" impuesta por la fuerza, que a su vez, impone las tasas, el servicio militar, la guerra, los carabineros.

                        Dentro de la institución familiar el siciliano traspasa la frontera de su soledad natural y se adapta a la convivencia. Sería demasiado pedirle que traspasase el límite entre la familia y el Estado; la forma precisa y definitiva de su derecho y su deber será la familia, que hace más breve el paso hacia la victoriosa soledad.

                        Cosa Nostra considera indispensable la impunidad. La impunidad confirma la potencia de la organización, la legitima a los ojos de los ciudadanos, ridiculiza la función del Estado. Por eso se trata de una necesidad estructural de la mafia. Puede presentar varios aspectos: no ser perseguidos por las actividades criminales, ser absueltos o ser condenados a penas risibles, gozar de trato de favor en las cárceles, etc. La impunidad refleja el carácter de "Estado dentro del Estado" que Cosa Nostra tiende a asumir; si no se es sancionado por el Estado significa que se es más fuerte que el propio Estado o que se está legitimado por los poderes públicos.

                        Por último, es esencial el control del territorio. Sirve para desarrollar impunemente todo tipo de tráfico, para conocer y prevenir las maniobras de los adversarios, para ejercer el dominio de la población, para practicar las extorsiones, para presentarse como autoridad que todo lo conoce y todo lo puede. Un "capomafia" sin territorio es como un rey sin reino.