miércoles, 31 de julio de 2013

Francisco y los sectarios



                       La misma izquierda que recibió al Papa de uñas y lo acusaba de colaborar con la dictadura argentina habla ahora de revolución en la Iglesia, de giro copernicano, de un antes y un después de Jorge Mario Bergoglio.

                        La derecha que se apresuró a defenderle en los primeros días de pontificado ya empieza a mirar de reojo a un Papa que defiende el laicismo del Estado, reniega del capitalismo salvaje y hasta se muestra comprensivo con los homosexuales.

                        La derecha católica tradicional está descolocada y la izquierda laica, con ese oportunismo tan marca de la casa, se apresta a empadronarse del pontífice.

                        El ultracatolicismo, mientras intenta encajar el golpe, o amortiguarlo al menos, se aventura a asegurar que se trata de un cambio de estilo pero no de doctrina. Suena más bien a ejercicio voluntarista.

                        La izquierda ultralaicista, como el nacionalismo, sabemos que es insaciable y ninguna reforma en el seno de la Iglesia Católica le parecerá suficiente. Las reseñas amables en el periódico global de referencia no verán el otoño.

                        Sánchez Dragó, de profesión sus extremos, pero cuya verdadera vocación es la de conductor suicida, ya ha arremetido contra el Papa argentino, al que considera populista y demagogo, un cruce de Stéphane Hessel y Juan Domingo Perón.

                        El rojerío en general, y el lobby gay en particular, por su parte, exigirán a Bergoglio lo que no reclaman de Evo, el del pollo amariconador, ni de Maduro, el viril representante de Chávez en la tierra.

                        No se lo van a poner fácil al Papa argentino ni los unos ni los otros, aunque tengo la sensación de que Francisco les va a dar muy malas tardes a los sectarios de ambos bandos.

                        En España a Chaves Nogales, que tenía eso tan poco común que se llama criterio propio, lo quisieron matar con el mismo empeño los falangistas y los milicianos.

                        Yo que Francisco recuperaba los cristales del papamóvil y le hacía probar el desayuno al Secretario Bertone.

domingo, 21 de julio de 2013

Sueños de agua



                        Resulta que los mundiales de natación no se están celebrando en España. Al menos eso deduje yo de los discursos institucionales que escuché en la gala inaugural.

                        Al parecer se los han dado a Barcelona no por pertenecer a un país, verbigracia España, que pasa por ser una potencia mundial en el ámbito deportivo, sino por ser la capital de Catalonia, la poción mágica que alimenta el sueño líquido del independentismo catalán, a medio camino entre un parque temático y una república báltica.

                        No faltaron, por supuesto, en la ceremonia la pitada masiva al himno nacional o el Catalonia is not Spain, que son un must de este principio de siglo, como el mapa con flechitas de los balcones proetarras. O como los vestidos lenceros de la novia de Iker, que este verano también son tendencia.

                        Detrás de los oradores, en la Tribuna VIP, tampoco defraudó el jartible de la estelada, cruce de Jimmy Jump y Mocito Feliz, al que se le levanta la bandera como a Rafa No Me Jodas en cuanto ve encenderse el pilotito rojo.

                        El Presidente de la Federación Española de Natación mencionó la candidatura olímpica Madrid 2020 y el Palau Sant Jordi se dividió entre los que se acordaron de sus muertos y los que se cagaron en su puta madre, lo que es indicativo de que en Catalonia no sólo Maragall ha perdido la memoria.

                        El pobre Carpena, que acabó dando ídem, interpretó una tira de Peridis – el pabellón cada vez más grande, él cada vez más pequeño- mientras imploraba con voz trémula a la hostil muchachada que ya que no parecía tener previsto aplaudir a nuestros nadadores, al menos reprimiese el impulso de intentar ahogarlos.

                        Todo este festival de desaires – sueños de agua, según los organizadores-  fue retransmitido para el mundo mundial en prime time por la 1 de Televisión Española. Porque nosotros lo valemos y somos así de guaises y de plurales.   

                        A la misma hora que en Barcelona un grupo bastante representativo de catalonios escenificaba la penúltima manifestación de deslealtad a España, en España los medios de comunicación y las redes sociales se volcaban en el apoyo a Tito Vilanova, a pesar de que su presidente –individuo de alma pequeñita y cicatera- se olvidó de dar la triste noticia a los aficionados al deporte que no entienden el catalán.

                        Contra ira, paciencia; contra perfidia, nobleza. Una muestra más de generosidad de la España madrastra que “ens roba”.

                        La que le ha costado tener a Guardiola, willkommen Pep, el icono melifluo de esa Catalonia que mira con humildat  por encima del hombro, la imagen de marca del oasis nacionalista, donde el personal mea una colonia que atufa a orines de burro. Burro català, per descontat.

                        * Publicado en IDEAL

martes, 16 de julio de 2013

Geografía



                        Negras de Mali al sol de Barceló
en el invierno frío de los madriles,
en Almería venden la caló,
Logroño cambia octubres por abriles.

Motril de cañas, de ron y miel,
Carril del Picón, Paseo de la China,
consulto los mapas sobre tu piel
y me ahogo en tu mar de plastilina.

Los espetos de sal de la Caleta,
la muerte circular de Sayalonga,
espuma para el peine de tus vientos,

arena del desierto de Ondarreta, 
-llévame allí, cuando mi sol se ponga-,
la geografía de los sentimientos.

lunes, 1 de julio de 2013

Wert o no Wert


                        José Ignacio Wert, el único ministro de la historia cuyo apellido está inscrito en el teclado del ordenador, ese Paseo de la Fama de los tuiteros, es una de las estrellas (pasivas) del escrachismo cibernético y me da la impresión de que, en su caso, la contestación (virtual o presencial, por hablar en términos de burocracia educativa) es sarna que no pica porque la recibe con gusto.

                        “Soy como un toro de lidia, me crezco en el castigo”.

                        Ocasiones no le han faltado al ministro para mostrar su bravura, aunque buena parte de la afición pide con insistencia que lo devuelvan a los corrales. Como diría un tertuliano, el respetable -no siempre respetuoso- “está instalado en el abucheo”.

                        Lo que voy a decir a continuación imagino que el ministro, hombre inteligente y preparado, ya lo traería aprendido de casa: en España, la educación y la cultura son patrimonio exclusivo de la izquierda.

                        Un ministro de educación de derechas, para la progresía –especialmente para aquella engallada en las redes sociales- es un oxímoron. Un ministro de cultura de derechas es un intruso.

                        Por eso, el ministro Wert, aunque tenga a los niños en el Colegio Estudio, está condenado irremisiblemente a la soledad y la melancolía.

                        La cosa sería distinta si tuviera un padrino de izquierdas.

                       El alcalde de Granada, el popular Torres Hurtado, que tiene la inteligencia pragmática de los paisanos de los Montes, lo entendió desde el minuto uno, y por eso colocó de concejal de Cultura al hermano de Luis García Montero, el poeta comunista. Mano de santo. Ahí lleva no sé cuántos años, ejerciendo de azote de la oposición, sin que le chiste ni dios.

                        Si es cierto que la política educativa es para la derecha territorio comanche, no lo es menos que el ministro Wert, con esa arrogancia de quien está encantado de haberse conocido, no se lo ha puesto fácil a sí mismo ni a su partido.

                        No debería olvidar el ministro que en democracia la forma es el fondo, y que, además, el sufrido votante agradece que no intenten venderle motos averiadas. Ni la capacidad ni la excelencia, tan cacareadas por el gobierno y los innumerables jefes de prensa que le han salido en las tertulias, tienen nada que ver con la política de becas de Wert.

                        Sus improvisados –o no tanto- valedores se esfuerzan, entre ingeniosos ejercicios de estilo, en enmascarar la realidad de una reforma que no se asienta sobre el concepto del mérito, sino sobre la necesidad apremiante del recorte.
                         
                        Resulta paradójico que Wert, baranda de la cosa demoscópica, no haya sabido conectar con el personal. Puede que sufra el aislamiento de los superclases, pura envidia.

                       Menos mal que es también ministro de Deportes y siempre podrá agarrarse a Nadal, tan correcto, o a las chicas del basket. O a la Selección de fútbol, aunque corre el riesgo de que Piqué le reproche que a su pequeño Milan lo quiera españolizar y le restriegue por el morro una camiseta verde con la jeta de Dyango.