domingo, 13 de octubre de 2013

Cristóbal, Susana y la niña de las tetas



                               
                           CRISTÓBAL.

                        Sus ricitos engominados en la nuca no presagiaban nada bueno: ahora ya sabemos que el Ministro de Hacienda es chuletita.

                        En los nuevos presupuestos se recorta en Sanidad, en Educación, se congelan los sueldos de los funcionarios, se suben aún más los impuestos.

                        Se le vuelve a robar la cartera a la clase media, sin tocarle un solo pelo a las grandes fortunas.

                       Y en un momento en que se exprime sin compasión a la ciudadanía, los presupuestos aumentan en un 27% la subvención de los partidos políticos.

                     El gobierno ha decidido sacrificar el estado de bienestar para salvaguardar el bienestar del Estado. Y, encima, Montoro le vacila a la peña: a los del cine, a los asalariados, a los periodistas críticos…

                        Con una mano nos quita los euros y con la otra nos hace la peseta.

                     Quizá debería leer a Quevedo: “Tú ya, ¡oh ministro!, afirma tu cuidado / en no injuriar al mísero y al fuerte; / cuando le quites oro y plata, advierte, / que le dejas el hierro acicalado”.   

                        El otro día le pregunté a un viejo amigo por su nueva imagen, con una barba poblada. “Es que con barba debo menos”, me contestó.

                         Pues eso, sr. Ministro, déjese usted barba, que a lo mejor con barba se ha reído usted de menos gente.

                        SUSANA.

                        La recibí en este mismo blog, hace unas entradas, como si me debiera dinero.

                        Entre bromas y veras, la describí como una joven maniobrera, mediocre y continuista: la joven Tancredi del Palacio de San Telmo.

                        Puse en duda su capacidad y la pertinencia de su nombramiento.

                   En apenas un mes, Susana Díaz no ha hecho más que desmentirme.  

                        Para mi sorpresa –debo reconocerlo-, ha cogido por los cuernos los toros de la corrupción, el derecho a decidir y la colaboración leal con el gobierno central. Y los ha toreado delante de ZP, de Rubalcaba, de Pere Navarro y de Rajoy. Con seguridad, aplomo y claridad de ideas.

                        Dice un amigo que la música de estos días le suena bien, pero que no acaba de fiarse. Son 30 años de socialismo, de régimen clientelar, de promesas incumplidas, de ilusiones -y otras cosas- robadas.

                        Hay motivos para ser prudentes. Por eso no me pasaré con armas y bagajes al bando de los hagiógrafos que empiezan a crecer como setas en el entorno de la Presidenta, pero tampoco voy a enrocarme en el prejuicio que me llevó a despreciarla sin apenas conocerla.

                        Como lo cortés no quita lo joaquín, donde dije Susanini digo sra. Díaz. Y no se me cae ningún anillo.

                        LA NIÑA DE LAS TETAS.

                        Ya tenemos un nuevo faro del movimiento antisistema patrio: se llama Lara – no es un Cayo- y el otro día enseñó las tetas en el Congreso.

                        Tan contundente argumentación la ha catapultado al estrellato y ya es el peregil de todas las salsas mediáticas. La radio y la televisión se la rifan y en Internet sus pochancas son ya más famosas que las de Falete.

                        Julia Otero, la madre de todas las progres, le dio su bendición laica, con una entrevista complaciente y paternalista (maternalista, perdón). Y prometió cubrirla bajo su manto sagrado como el aborto, para que a la niña nadie le toque un pelo. Ni un pezón.

                        Hubo en esa entrevista-madrinazgo un momento glorioso, cuando la ex bella Otero inquirió con aire de sorpresa:"¿No te sentiste decepcionada de que no aplaudiera nadie? Porque no aplaudió casi nadie".

                        Unas tías irrumpen en el Congreso en tetas, le cortan el discurso a Gallardón (no todo podía ser malo), gritando “aborto es sagrado” (nada menos), vociferan y se revuelven en plan "la fiera de mi niña" y Julia Otero se sorprende de que no se pusiera en pie el Parlamento en pleno pidiendo los dos apéndices y el rabo para tan extraordinaria faena. Te rilas, maritila, que diría don Arturo.

                                ¡Qué fácil es fabricar un líder social en este país! Estoy por irme al Hospital de las Cinco Llagas, sacarme la minga y rotularme esta leyenda: “Todos los que no aplaudan este acto de democracia directa y de autodeterminación personal hasta que le duelan las manos son unos fachas de mierda que se creen que representan a alguien. A mí la única que me representa es mi...". Y ahí ya me detendría. Por respeto a Susana, que me tiene ganao, no por falta de espacio.