domingo, 23 de marzo de 2014

El vídeo imposible


       Imaginemos que a una empresa de auriculares se le ocurre hacer un vídeo publicitario con el siguiente guión:

Iker Casillas en la primera fila del autobús de Esteban Rivas, que circula despacio por las calles de la Ciudad Condal, escoltado por una decena de furgonetas de la policía, camino del Camp Nou.

            Al otro lado de la ventanilla, en las inhóspitas aceras catalanas, hordas culés con rostros desfigurados por el odio, cánticos injuriosos –Puta Espanya, Real Mandril y todo eso- bengalas estrelladas contra la luna (la poesía de la independencia) y el capitán del Madrid y de la selección española campeona de Europa y del mundo que se aísla escuchando Olaf el Vikingo y El imperio contraataca de Los Nikis.

            Ya en el vestuario, Iker procesa mentalmente lo vivido recién, mientras se ajusta cuidadosamente las espinilleras (le van a hacer falta) y salta al campo con gesto grave y la determinación de pelear, no por el Real Madrid, sino por don Pelayo, los Reyes Católicos y Felipe II, en cuyo imperio nunca se ponía el sol. Santiago (Bernabéu) y cierra España.

            A estas alturas, sobreexcitado como está, a Iker se le ha olvidado incluso que no juega. Pero no importa: se puede vengar a la patria herida también desde el banquillo. Que le pregunten a Mourinho, símbolo de la España eterna, y su dedo justiciero.

            Imaginemos también que Iker Casillas acepta protagonizar el mencionado vídeo.

¿Os estáis partiendo de risa, verdad? Claro,es impensable.

A estas horas el vídeo estaría ya secuestrado por el juez Pedraz y el papá de Martín detenido en la D.G.S. de Artur Mas, obligado a escuchar la discografía completa de Dyango.

Los tontos útiles de la progresía, con Nacho Escolar y Máximo Pradera a la cabeza, y la subvencionadísima prensa catalana, se apresurarían a asegurar que “la campaña es una fábrica de independentistas” y Federico Mayor Zaragoza y Koffi Annan se ofrecerían, por un módico precio, a mediar en el conflicto.

Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, que es una ciudad muy facha, la Generalitat denunciaría al Gobierno de España ante los Tribunales Internacionales y la Asamblea Nacional Catalana ya estaría convocando, como acto de desagravio, una cadena humana para unir la casa en la que creció Guardiola con el convento de Teresa Forcades.   

Una locura, a nadie en su sano juicio se le pasaría por la cabeza.

Pues, sorpresa, cuando pongáis esta noche la tele para ver el clásico, tendréis, por el mismo precio, el vídeo imposible.

En él, Cesc Fábregas, el héroe silencioso, hijo pródigo del barcelonismo, opone el seny catalán a la rauxa de españoles sudorosos, malencarados y peligrosos y salta al campo dispuesto a demostrar que los catalanes son mejores, también jugando al fútbol.

Por su parte, y según indican fuentes generalmente bien informadas, los miembros de la Comisión Antiviolencia llevan todo el día tocándose los huevos por donde se pasaba a España Pepe Rubianes. 

domingo, 9 de marzo de 2014

Diez años del 11-M


             Vaya por delante que uno es de la opinión de que la guerra de Irak no fue solamente un error, como reconocen ahora a regañadientes quienes inicialmente la apoyaron de forma fervorosa, sino una canallada instada por el gobierno de Bush, con la colaboración inestimable de Tony Blair; una actuación difícilmente justificable y torpemente justificada, en la que nuestro país se vio implicado para que su presidente, José María Aznar, al que España parecía habérsele quedado pequeña, se pudiese retirar de la vida política como líder mundial.

            Dicho lo cual, el que suscribe no quiso unir su voz al coro simplista o interesado que recorrió las calles españolas desde aquel fatídico 11 de Marzo (recuérdense las manifestaciones “espontáneas” de la jornada de reflexión o la manifestación de Leganés) y que atribuía los atentados de Al Qaeda directamente al Gobierno del PP.

            Quiero referirme, por el contrario, a un aspecto de la cuestión que se ha tratado poco en los medios y que se silenció absolutamente en los desfiles que proliferaron en nuestro país en aquel mes aciago.

Y es el hecho de que los terroristas que cometieron los atentados de los trenes eran, en su mayoría, de origen marroquí, y no habían encontrado dificultad alguna para entrar en nuestro país, ni para legalizar su situación y alguno incluso se había beneficiado de becas de estudio.

            Esto, aunque a cierto sector de la izquierda le interese obviarlo, nos sitúa frente a la verdadera dimensión del problema: hasta qué punto una sociedad pluralista puede acoger sin desintegrarse a extranjeros que la rechazan.

Y nos enfrenta a dos conceptos antitéticos, planteados por el profesor Giovanni Sartori: pluralismo y multiculturalismo.

            El pluralismo es hijo de la tolerancia y de la convivencia y postula un reconocimiento recíproco; el multiculturalismo, en cambio, apuesta por la secesión cultural y la tribalización, es agresivo e intolerante (recordemos las amenazas islamistas a Francia por la prohibición del velo en las escuelas).

El pluralismo cree en la comunidad, el multiculturalismo deriva necesariamente en el ghetto.

Es inevitable que los extranjeros que no están dispuestos a conceder nada a cambio de lo que obtienen, que se proponen permanecer como extraños a la comunidad en que son acogidos hasta el punto de negar sus propios principios, susciten reacciones de rechazo, miedo y hostilidad.

El inmigrante que llega a Occidente debe interiorizar sus valores políticos: la libertad individual, las instituciones democráticas, el laicismo entendido como separación entre Iglesia y Estado.

Así sucede en la gran mayoría de los casos, pero desgraciadamente, en los últimos tiempos, el Islam ha sufrido una regresión alarmante, habiendo abandonado en gran medida su componente abierta y occidentalizante.

            Por eso, no debemos equivocarnos: “vosotros buscáis la vida, nosotros la muerte”, sentenció Osama Bin Laden en aquel famoso vídeo. Dos no se entienden si uno no quiere.

           Los atentados del 11-M no fueron únicamente una respuesta al apoyo español a la guerra de Irak; las bombas de España, como los aviones del 11-S, fueron un ataque al sistema de vida occidental, es decir, a la democracia y las libertades civiles; por eso los países con mayor riesgo de atentados siempre han sido los países islámicos occidentalizados.

            Pero eso no lo entienden ni los fundamentalistas del pacifismo ni los santos laicos de las redes sociales, que son primos hermanos de aquellos niños del pásalo, que desfilaban gritando que la guerra es el peor terrorismo, que Occidente y Al Qaeda eran almas gemelas y los dirigentes políticos del país unos asesinos.

Los bienintencionados de los recientes sucesos de Ceuta y de Melilla son los mismos que años antes de los atentados del 11M, siempre desfilando, exigían la entrada de inmigrantes sin límites de ningún tipo.

Y es que, desde la caida del muro de Berlín, un sector de la izquierda europea, carente de referentes, se apunta con entusiasmo a cualquier clase de bombardeo (dicho sea en el mejor de los sentidos), con tal de que suene a modernito, “no global” y antisistema.

Para ello se ha venido apoyando en la buena fe carente de responsabilidad y, en algunos casos, en la ignorancia de una parte de la juventud.

Hay un sector de la juventud que está convencida de que basta para justificar una acción la intención buscada, sin que se deba tomar en consideración la responsabilidad por las consecuencias del actuar; es esta una ética típicamente emotiva, fundada en sentimientos de compasión y de amor al prójimo, que tiene su legítimo espacio en la esfera individual, pero que no tiene cabida en el espacio político, puesto que no acepta que asumir la responsabilidad de una acción es hacerse responsable de sus consecuencias.

Por otro lado, la conexión entre la ignorancia y el triunfo de la ética de las intenciones es poco menos que inevitable: cuanto menos sabemos, más prevalece una ética que no exige conocimiento de los hechos, ni cálculo de las consecuencias.

            Por eso, aquella izquierda que desfilaba, tras los atentados islamistas, seguía exhibiendo orgullosa la pancarta del “no a la guerra” y miraba para otro lado cuando alguien le recordaba aquello de “papeles para todos”.

Poco han cambiado las cosas en estos diez años. Lo acabamos de comprobar con motivo de los sucesos lamentables de Ceuta y Melilla, sólo que ahora son las redes sociales los tribunales desde donde la izquierda de salón dicta sus sentencias condenatorias. Con este panorama (“tocchiamo ferro”) no sería de extrañar que los terroristas se animasen a seguir quitando y poniendo gobiernos.

sábado, 1 de marzo de 2014

Querido Miguel


Querido Miguel:

El 28 de Febrero, con ocasión de la entrega del título de Hijo Predilecto de nuestra tierra que te ha otorgado la Junta de Andalucía tuviste una oportunidad única de demostrar que eres, efectivamente, merecedor de tan alta distinción.

Sin embargo, el día que la Andalucía oficial te elevaba a los altares te reservaste el derecho de admisión, y convertiste una fiesta de todos en un guateque sólo para amiguetes.

A ti que te gusta hablar claro no te molestará que te diga que en tu disertación estuviste torpón en la forma (daban ganas de ayudarte a leer) y sectario en el fondo. 

Fue el tuyo un discurso mitinero y demagógico, que buscó en todo momento el aplauso fácil del coliseo tuitero y titulares épicos de la prensa afín.

Nos quisiste dar gato por liebre, presentando como valiente y reivindicativo un alegato cobardón y pelota con el poder que te premiaba.

Olvidaste, cegado por tu pulsión sectaria, referir siquiera las cifras andaluzas del paro, la sangría de los eres, las mariscadas sindicales.

Si, como dijiste, te duele en el alma la situación precaria de tantos paisanos, desperdiciaste una ocasión extraordinaria para haber censurado a quienes gobiernan esta Comunidad desde hace más de tres décadas, sin que ninguna de las terribles lacras que asolaban Andalucía por entonces haya experimentado, tantos años y fondos europeos después, mejoría alguna.

Pon Canal Sur, Miguel, y verás los mismos viejos, las mismas batas de cola, los mismos andaluces por el mundo.

Pero de tu boca no salió una crítica ni un reproche a la izquierda que nos pastorea desde que yo era un niño. Preferiste ser zalamero, adulador, cobista. Y dirigir tus invectivas al Gobierno central, los Tribunales de Justicia o la Europa de los mercaderes.

Utilizaste todos los tópicos para dirigirte a la clientela habitual; fuiste políticamente correcto, es decir, incorrecto con los de siempre, como “ese Carnaval de Cádiz domesticado” (Ignacio Camacho dixit) que aún dedica letrillas a un presidente que se marchó hace diez años.

A mí, como a Boadella, me gustan los caricatos que se ríen de los que están en el teatro. Hacerlo de “los de fuera” no exige coraje alguno, es puro marketing de izquierdas.

Asistimos, impotentes y perplejos, a un tiempo infame en el que, al calor de la crisis, crecen los púlpitos y mengua la inteligencia. Tu discurso fue un ejemplo de lo que digo, un mensaje tramposo dirigido, no a la ciudadanía, que por definición es solvente, sino al “pueblo”, ese bloque sólido y pastueño que manifiesta su voluntad con una sola voz, a través de intérpretes especialmente sensibles a ella, como líderes, poetas nacionales o hijos predilectos.

Pérmiteme una maldad, admirado Miguel. Clamaste, con razón, contra el ladrillo en la Vega de Granada: una forma de ganar dinero fácil a costa de destrozar un patrimonio valioso. Y a mí, no sé por qué, me vino a la cabeza el Himno de la Alegría.

Lo escribí en las redes sociales y enseguida me cayeron encima los verduguillos del pensamiento clónico, esos inquisidores versados únicamente en elevar las consignas a la categoría de argumentos. Los que se apuntan los primeros a lapidar a quienes se atrevan a cuestionar el credo trinitario que aglutina a la secta: la superioridad moral, el monopolio de la ofensa y la exclusiva del ingenio.

Pero no quiero caer, Miguel, en el pecado de injusticia del que te acuso.

Te adornan infinidad de virtudes personales y profesionales; tu carrera musical ha sido, himnos aparte, innovadora, atrevida, modélica.

“Desde los tiempos del Price” te fuiste adaptando a las circunstancias, sin perder un ápice de calidad, y evolucionaste hacia una madurez espléndida. Siempre arriesgaste tu dinero y mostraste una tremenda generosidad con los que empezaban. Son legión los que hablan maravillas de ti. Merecidamente, sin duda.

Yo, como todos los andaluces de mi generación soy hijo orgulloso del rock & ríos y el 28F me senté frente a la tele para disfrutar con mi paisano de su día más grande.

Por eso me dolió que me echaras de tu fiesta. Entre otras cosas, porque yo también puse para el regalo.