lunes, 29 de diciembre de 2014

Secuestro en el Portal


“Pasamontañas ajustado, entramos en el portal, servicio de orden frustrado, nos llevamos al chaval, un rescate por pedir, vacaciones en París…”; el estribillo aceleraba a ritmo de ska, “secuestro en el portal, secuestro en el portal”…

Era la España de la movida, aquel tiempo estimulante, gozoso, desmedido y canalla.

Una época de aparentes desmadres (el libertinaje contra el que advertían los nostálgicos recalcitrantes) que reflejaba, entre fuegos de artificio, el malestar y el desencanto por las promesas incumplidas de la ansiada democracia.

Hoy, en España y Europa, las cosas han cambiado y el sentido del humor se considera un privilegio de la casta. Por eso treinta años después las activistas de Femen han llevado a la práctica, sin gracia, lo que la movida dejó en gamberrada virtual.

Con las tetas al aire y al grito de “Our God is woman” una agitadora rubia y maciza se ha colado en la fiesta mayor de los cristianos –sobre los que hay, al parecer, una especie de derecho universal al escupitajo- para tocarle valientemente los huevos al Papa Francisco, que sufre en sus carnes el síndrome de Pedro Sánchez: por más que se esfuerce en ser progre la peña votará a Podemos.

Hace meses, unas audaces compañeras de la anterior, en otra exhibición de osadía y heroico compromiso con los derechos femeninos, se pasaron literalmente por el coño al hijo crucificado de ese Dios que es mujer, en una performance sórdida de porno sadomaso de convento, ejecutada a plena luz del día en la Plaza de San Pedro.

Ejecutadas es como estarían las tres, y la que se llevó al niño, si su valerosa actuación hubiera tenido lugar en La Meca o a la salida de misa de doce – o como se llame allí- en la mezquita de Kandahar, con la calle hasta arriba de turbantes.

Pero eso no va a ocurrir –ni Dios lo quiera- porque la franquicia ucraniana del autoproclamado feminismo radical tiene de feminismo lo que Pepe Arenzana y de radical lo que el subvencionado Carnaval de Cádiz. Las niñas de femen, como las comparsas de nuevo cuño, no son más que miedicas bovinas y sectarias disfrazadas de iconoclastas con arrojo. Corrección política travestida de subversión. Unas en tetas y otras con pisha.

Tengo un buen amigo que dice que eso, lo de las tetas, es lo mejor del asunto, que es una oportunidad única de verlas en la tele, en estos tiempos en que el colectivo gay ha tomado los platós.       

Todos no, querido Paco. En Hispan TV, la televisión iraní desde la que el profeta Iglesias anuncia la buena nueva, homosexuales no hay. Ni se habla de ellos.

Son gente seria y comprometida estos inquilinos catódicos del régimen de Teherán.

Nada que ver con aquella juventud de la transición, tan vacua, que aprendió el lenguaje de la democracia mientras tomaba copas en El Penta.

 La revolución requiere disciplina y reciedumbre, no es lugar para maricones.

Y mejor así, porque en la televisión iraní a Jorge Javier lo habrían colgado de la jirafa.