jueves, 5 de noviembre de 2015

Maniobra de resurrección


         No vieron la vida como una carrera ni nacieron para ganar, sino para andar despacio y revelar las paradojas del tiempo que nos tocó vivir.

            Bebieron en soledad los tragos más amargos y un buen día derribaron de un soplo el castillo de naipes, hartos de fingir sonrisas en la desolación.

            Aquella noche de hace 20 años la luna salió tarde y las manzanas se pudrieron en el plato.

            Yo me quedé sentado al borde del camino, esperando el tren que lleva a ninguna parte. Tardé en comprender la verdad de las cosas: el gusano se convierte siempre en mariposa.

            Ahora me llega un eco lejano de voces sin nombre –“vuelven, vuelven”- y busco en el último cajón un amuleto egipcio y el reloj que marca el tiempo al revés.

            En mi cabeza rugen tormentas imaginarias y me protejo de la lluvia con el cubilete de un antiguo trilero.

            Me lo dice la baraja del tarot –vuelven- y el perro que le ladra al día no encuentra una explicación porque sigue unas huellas que nunca le llevan al sol.

            Una vieja hechicera me susurra, “sólo es cuestión de tiempo”, y ahora sé que el destino se reserva siempre la última carta.

            Hoy lo he visto en mi trozo gris del cielo –son insondables los caminos del Señor- y he disipado todas mis dudas: vuelven 091.

            Atrás han quedado mil signos de interrogación y el hombre sin pasado que me recitaba sus fracasos al oído.

            #Vuelvenloscero, decía la pantalla, y yo, que nunca dejé de soñar con ovejas eléctricas, he despertado del letargo y he salido a la calle a gritar lo que antes sólo pensaba a gente que enciende el mechero sobre la palma de su mano. A otros como yo.

            Vuelven los cero para poner música al furor de una cascada, gotea otra vez el grifo de oro que le da ritmo a su canción.

            Están de vuelta para mostrarnos que hay perlas escondidas en ostras; que el amor se encuentra debajo de las piedras o en lo más alto de la Torre de la Vela .

            Creo que soy un hombre con suerte, los sueños me acercan a la realidad, ¿la vida es un péndulo o una espiral?

            Pagaré con los últimos duros de Franco al poeta ambulante que escribe versos en papel de fumar y, al ponerse el sol, me tumbaré en el suelo para oír crecer la hierba y el sonido afilado de sus navajas de barbero.
           
            Somos estatuas que buscan su alma y los 091 vuelven a predicar en el desierto. Sigue estando Dios de nuestro lado.

             * Publicado en el diario IDEAL