domingo, 4 de diciembre de 2016

¡Pa' lo que quieras, Fidel!


             A esta hora en que escribo mi columna semanal, el jeep que transporta las cenizas de Fidel Castro ha llegado por fin a Santiago, después de haber recorrido los mil kilómetros que separan La Habana de la capital de Oriente entre vítores, aplausos y banderas estrelladas.  

                Casi sesenta años de discurso granítico y uniforme en la Cuba de la Revolución Socialista han incubado un castrismo sociológico que tardará en diluirse, como ocurrió en España, lo que tarde en desaparecer la dictadura.

         Pero lo que ha generado, sobre todo, medio siglo de régimen implacable, es una mayoría silenciosa que, por temor a la brutal represión, ha aprendido a fingir sonrisas en la desolación.

           La aparente alegría del cubano, que confundirá al turista poco avisado, es, como el arrebatado bolero de La Lupe, puro teatro. Falsedad bien ensayada, estudiado simulacro.   

              Un falso estandarte, el conjuro contra el miedo, la coraza del cubano frente al poder y sus chivatos de barrio.
           
                  Durante nueve días, además, la isla ha estado oficialmente de luto y el Heredero ha decretado el Estado de Tristeza. Ni descargas ni ronsitos ni un inocente buenos días, porque cuando se muere Fidel los días no son buenos y una simple fórmula de cortesía te puede costar un acto de repudio.

            El puro del Comandante se ha consumido y no es ya más que un montón de ceniza, pero a este lado del Atlántico, la paleoizquierda se sigue tragando el humo letal del Pueblo, la Revolución y demás pamemas ideadas para individuos de espíritu impresionable y escasas luces.

               El sedicente progresismo -siempre tan hooligan de los regímenes que menos progresan- propaga estos días su discurso exculpatorio del régimen inhumano de Fidel, en un intento póstumo de blanquear la biografía del tirano con obituarios henchidos de amor patrio, dignidad y justicia social.

            No deja de ser sorprendente que individuos con la piel fina para señalar los déficits democráticos de los países más avanzados se muestren tan laxos y comprensivos con dictaduras feroces y desalmadas como la cubana.

              Tienen razón sus hagiógrafos y los tontos útiles del castrismo cuando aseguran que Fidel era un animal político. Lo era doblemente: por político (en el peor sentido de la palabra) y por animal. Nada nuevo hay bajo el sol y la historia no ha dejado de mostrarnos el rostro cruel del asesino en serie que oculta la máscara de todo revolucionario.

            El Comandante en Jefe ya descansa en Santiago, pero el pueblo cubano aún no se ha librado del comunismo dinástico de los Castro.

            Es una triste ironía que el dictador que sometió a su pueblo y proscribió las elecciones libres repose eternamente dentro de una urna.

                Emitido el 5 de noviembre de 2016 en COPE ("El lanzador de cuchillos")

lunes, 28 de noviembre de 2016

Martín de nombre


               Desde que, hace unos días, acepté la propuesta de Juan Prieto para entrar a formar parte del plantel de columnistas de Granada Digital empecé a darle vueltas a la cabeza sobre la mejor forma de comparecer ante mis nuevos lectores.

            Se me ocurrió que podía hacerlo a la manera de Camba, presentando mis respetos a la aún desconocida concurrencia, como hizo el genial gallego hace un siglo cuando publicó su primer artículo en ABC. Ya saben: “Me llamo Domingo” y tal. Pero tendría que dar muchas explicaciones: “Domingo de apellido, Martín de nombre”. Además -pensé- yo no soy Camba, ni este diario digital que amablemente me acoge tiene el marchamo aristocrático del diario de los Luca de Tena; así que la cosa podría resultar presuntuosa y hasta algo ridícula.

            Mejor empezar atacando un tema de candente actualidad sobre el que proyectar una mirada ingeniosa y singular. La mía.

             La actualidad, además, viene cargadita de noticias. Por ejemplo, Fidel Castro, el segundo dictador gallego que muere en la cama y al que Podemos, Izquierda Unida y sus secuaces virtuales le han hecho el homenaje que juzgaban inaceptable hace una semana para Rita Barberá, que fue 24 años alcaldesa de Valencia y ganó por mayoría absoluta cinco elecciones libres y democráticas. Por cierto, mucho ojito con Donald Trump que, sin estar aún al mando de la CIA, ha conseguido en diez días lo que sus jerifaltes estuvieron intentando cuarenta años.

            También es noticia Jesús Candel, el Doctor Facebook, según hallazgo de la agudísima Inés Gallastegui, que está haciendo historia, al reunir por tercera vez en mes y medio a decenas de miles de granadinos contra la fusión hospitalaria de Susana Díaz, gracias a esos vídeos diarios en los que nos informa, entre otras cosas, de la evolución de sus diarreas o de los “peíllos” follones e inaplazables que se le escapan en las guardias, porque los voluntarios y ruidosos -según confiesa- se los deja para casa.

            O el Black Friday, la última americanada incorporada al acervo patrio, que se celebra el viernes siguiente al día de Acción de Gracias y que no tiene otro objetivo que ayudar a cuadrar los balances anuales de las grandes superficies.

            Hasta el rojerío más conspicuo ha sucumbido a la tentación consumista del Viernes Negro. Eso sí, con una actitud vergonzante como la mostrada por la granadina Librería Praga, quien se parapetó en su web detrás de la muerte de Marcos Ana y Leonard Cohen para hacerse perdonar (con más motivos en el caso de Cohen que en el del poeta comunista) el haber caído en las redes del capitalismo asesino, como si fuese una vulgar librería del carrefour en vez de un templo de la cultura alternativa.

            Pero, sin duda, la noticia que más me ha impactado por su calado socio-político es la que leí el otro día mientras desayunaba: “El Ayuntamiento de Cádiz enseña a las desempleadas a estimularse el clítoris”. Enhorabuena, gaditanas. Ya era hora de que las paradas de Cádiz utilizaran las manos para algo más que hacerse tirabuzones (con las bombas que tiran los fanfarrones).  

            Me parece una forma original e imaginativa de fomentar el autoempleo. O la autogestión, por ser más coherentes con el ideario anticapitalista de la rama gaditana de Podemos.

            Gracias al alcalde y a su concejal de la Mujer, Ana Camelo, que no tiene un apellido, sino una declaración de intenciones, las paradas de Cádiz no van a parar quietas. Ya me imagino la pancarta de agradecimiento: “Con Kichi, nos tocamos el chichi”. Esto sí que es una reforma laboral estimulante.
           
        Voy a ir terminando, que no quiero cansarles el primer día con mi gacetilla.
           
            Vuelvo a Camba, para cerrar el círculo.

            Entrar en un periódico es como entrar en el seno de una familia extraña. Uno no conoce a los lectores y los lectores no lo conocen a uno. Ellos no saben nada de tu humor, de tus manías, de tus creencias. Y claro, te sientes cohibido, como cuando te presentan a tu suegro e ignoras si le caerás bien.

            Vengo de sacar la lengua en Ideal, vender crecepelo en un blog y lanzar cuchillos en la Cope. Y ahora llego aquí, para expresar, como Nabokov, opiniones contundentes.

            Pero no teman, en el fondo soy un buen chico al que harían mal en tomarse demasiado en serio. Y demasiado en broma.

               Publicado el 28 de noviembre de 2016 en Granada Digital ("Opiniones Contundentes")

Spiriman contra el mundo


      Spiriman lo ha vuelto a hacer. Desafiando a las inclemencias meteorológicas, ha conseguido, por tercera vez en mes y medio, que Granada entera se eche a la calle para gritar a los responsables de la Junta que no va a renunciar a sus dos hospitales completos, ni va a aceptar el recorte sanitario que se esconde tras la fusión.

            Carlos Cano expresó una queja cargada de pesimismo social en aquella famosa copla carnavalera. Ya saben, la que decía eso de “si en vez de ser pajarito, fuéramos tigre bengala, a ver quién sería el guapito de meternos en una jaula”.

            Spiriman ha obrado un milagro extraordinario: conseguir que el dócil e indolente pajarito granaíno haya mutado inopinadamente en fiero tigre de bengala que enseña, por fin, los dientes al poder y se tira a la calle a pelear por lo suyo.

            En una ciudad donde los problemas suelen morir en la cama como si fueran dictadores gallegos, la tenacidad, la determinación y la fe del doctor Candel y su alter ego de gorra y gafas negras son verdaderamente encomiables.

             Pero hay una faceta de la personalidad de Spiriman, que se ha revelado con mayor nitidez a medida que el personaje ha ido adquiriendo notoriedad, que ya no tiene tanta gracia.

          La verborrea espontánea y vehemente, pero bienhumorada, de los primeros vídeos, ha dado paso a un discurso hosco y agresivo en el que se injuria y se calumnia sin tasa a todo el que se atreva a matizar mínimamente su errática línea argumental.

          Spiriman, visiblemente agrandado, habla ya desde el púlpito de su autoproclamada superioridad moral, y convencido como está de encarnar la rectitud con mayúsculas, no acepta más verdad que la suya, que sólo puede ser contradicha por sinvergüenzas movidos por intereses bastardos.

            Es fácil imaginar que estará sufriendo presiones y maniobras de todo tipo, pero su visión del conflicto empieza a ser preocupantemente paranoica y totalitaria. Como el quijote 3.0 que cree representar, ve enemigos por todas partes, a los que azuza de manera irresponsable el doberman de las redes, propiciando su linchamiento inmisericorde.

            El doctor Candel, que es un hombre extraordinario, deberá embridar el caballo desbocado de Spiriman para que el objetivo final, justo y deseable, de una sanidad pública digna y de calidad, no se malogre.

            No estaría de más que alguien le recordase, ahora que ha muerto Fidel, en que acabó la última revolución de barbudos.

                 Emitido el 28 de noviembre de 2016 en COPE ("El lanzador de cuchillos")

domingo, 20 de noviembre de 2016

Patriotismo de paraguas


           Servidor, como andaluz, empieza a estar hasta las narices de que esta tierra sea siempre el saco de los golpes, el muñeco de pim pam pum al que disparan todos los políticos demagogos de allende Despeñaperros para justificar su propia incompetencia o desviar la atención de los zulos financieros en los que esconden los billetes de quinientos euros, procedentes del cohecho y el expolio de las arcas públicas

            Como si los andaluces no tuviéramos ya bastante con nuestros propios políticos, cada cierto tiempo tenemos que aguantar las ofensas segregacionistas de los nacionalistas periféricos, campeones del latrocinio, o el desprecio clasista de la vieja derecha capitalina.  

         La última en apuntarse a esa práctica tramposa e indecente ha sido Cristina Cifuentes, la presidenta madrileña, del ala oxigenada del pepé, quien ha asegurado que la Comunidad de Madrid paga la sanidad, la educación y otros servicios básicos de los andaluces, olvidando que en España no tributan los territorios, sino los contribuyentes y que muchas empresas, como las grandes entidades de los sectores energético, turístico o petrolero, obtienen sus beneficios en Andalucía, pero tienen el domicilio fiscal en Madrid.

         Tanto censurar el discurso rufianesco del charnego agradecido en la sesión de investidura de Rajoy para plagiárselo después de manera indecorosa, aprovechando que el Genil baja de Sierra Nevada y que los andaluces parecen tener siempre puesta la cara para recibir las bofetadas.

            De la calle Génova -no recuerdo si antes o después de que arreglaran la sede con dinero negro- nos llegó también el pitas pitas de Esperanza Aguirre y el insulto de Ana Mato a los niños andaluces, -y de paso a sus padres y profesores-, a los que definió como “prácticamente analfabetos”. Tiempo después mostró su preocupación porque esos mismos niños estuvieran en clase “tirados en el suelo”.

            Y no le faltaba razón, los chiquillos habrían estado mucho más cómodos en los asientos de cuero del Jaguar que la trama Gürtel le regaló a su marido. Y ya puestos, los bolsos de Vuitton de la sra. Mato les habrían venido de perlas para meter los donuts y el libro de mates.

    Me consta, porque la conozco bien, que Madrid es una ciudad extraordinariamente abierta, integradora y solidaria, pero ello no obsta para que en determinados ambientes de la capital subsista el cliché del andaluz simpático e inconstante, vago y subvencionado, que tapa la realidad profunda de una Andalucía seria y trabajadora, ambiciosa e inconformista, que huye del tópico, pero no se lleva los flashes.

         Las declaraciones patosas de Cristina Cifuentes sólo contribuyen a embarrar el terreno de juego y a perpetuar injusta e innecesariamente el agravio.

              Y muestran, de paso, que el patriotismo, para algunos, no es más que un paraguas enorme con el que intentan protegerse de sus propias miserias.  

                Emitido el 21 de noviembre de 2016 en COPE

martes, 15 de noviembre de 2016

COMPETENCIA LEAL por Juan Soto Ivars


               ¿Y qué somos todos los columnistas, al fin y al cabo, sino vendedores de crecepelo?
           
            Arrastramos nuestra maletilla por los pueblos, nos subimos a una caja de verduras dada la vuelta, ahuecamos las manos en torno a la boca y tratamos desesperadamente de vender nuestra loción. No es, claro, una poción mágica.
           
            Cada vendedor de crecepelo tiene su fórmula secreta. Unos le ponen comino, otros le ponen canela, que cantaba Julio Iglesias en su inolvidable canción porno El bacalao. Lo que le pone Martín Domingo es un elemento que escasea más que el coltán en estos tiempos: sentido común.

            El tópico dice que este sentido es el menos común, y tanto Martín como yo detestamos los tópicos. Démosle la vuelta en esta fiesta de cumpleaños, no amarguemos la tarta con cuatro velitas, digámoslo a nuestra manera: lo que Martín le pone a su loción se llama individualismo radical.

            Lleva cuatro años volcando en estas páginas sus pensamientos, su loción -el muy cabrón lo hace con cuenta gotas y nos tiene siempre con ganas de más- y no ha habido una sola vez que yo haya tenido la sensación de que le plagiaba la fórmula a otro vendedor de crecepelo. Las palabras de Martín Domingo siempre son suyas. Para lo bueno, para lo malo. En la calvicie y en el pelo pantén.

            Siempre, contra viento y marea, ha sido él mismo. No le importa que el pueblo venga a escucharle y le compre la pócima, y le trae sin cuidado – esto es una suposición mía- que en lugar de billetes le lluevan tomates podridos.

            Martín Domingo escribe con la creencia de que su visión del mundo es demasiado valiosa como para dejarla apuntada en un diario secreto.

            Y yo, que vendo un crecepelo diferente, no puedo más que decirle que en esto tiene toda la razón.

            No dejes de vendernos este remedio milagroso para la cabeza, Martín. Que no nos crecerá el pelo, eso es seguro, pero algo bueno ocurrirá dos plantas más abajo de nuestro cuero cabelludo.                                                                                           

                                                           JUAN SOTO IVARS

            

lunes, 14 de noviembre de 2016

Gracias, sr. Cohen


            “Majestad, altezas reales, miembros del jurado, distinguidos señores, damas y caballeros:
            
             Es un gran honor estar aquí esta noche ante ustedes.
           
         No estoy acostumbrado a enfrentarme a una audiencia sin una orquesta que me respalde, pero esta noche intentaré dar lo mejor de mí como artista solista.
          
         Obviamente, estoy profundamente emocionado por este reconocimiento de la Fundación, pero hoy he venido a expresar otra clase de agradecimiento.
        
        Mientras hacía las maletas en Los Angeles, me sentía un poco inquieto porque los premios de poesía siempre me han resultado algo equívocos.
    
        La poesía viene de un lugar que nadie comanda, que nadie conquista. Por eso me siento casi un charlatán, al aceptar un premio por una actividad que no domino.
  
          En otras palabras, si yo supiera de dónde vienen las buenas canciones, iría a ese lugar más a menudo.

         En medio de esa tarea de hacer las maletas, sentí la necesidad de ir a ver mi guitarra.

        Tengo una guitarra hecha en España, un hermoso instrumento que conseguí hace más de cuarenta años.

            La saqué de la funda, la sostuve en mis manos, acerqué mi rostro a su boca de hermoso diseño y respiré la fragancia de la madera viva, el perfume del cedro, tan fresco como el primer día, y una voz pareció decirme: “eres ya un hombre viejo y no has llevado tu agradecimiento al suelo que nutrió esta fragancia”.

           Así que aquí estoy esta noche para dar las gracias a la tierra y el alma de esta gente que tanto me ha dado.

          Ustedes saben de mi profunda asociación y confraternidad con el poeta Federico García Lorca. Cuando yo era un adolescente leí, traducidos, los poemas de Lorca y comprendí que en ellos había una voz, y él me dio permiso para encontrar la mía.

      Con el paso de los años, comprendí que esta voz incluía algunas instrucciones: nunca plañir con displicencia y que si alguien va a expresar la gran e inevitable caída que nos espera a todos, debe hacerlo dentro de los estrictos límites de la dignidad y la belleza. 

            Con Lorca encontré una voz, pero aún no tenía un instrumento. No tenía la canción.

            Yo era un guitarrista mediocre, pero un día, a principios de los sesenta, un chico joven que tocaba flamenco en un parque de Montreal aceptó darme unas clases y enseñarme algunos acordes. Esos seis acordes, esa progresión de guitarra, han sido la base de todas mis canciones y de toda mi música.

         Ahora ustedes pueden empezar a comprender la dimensión del agradecimiento que siento por este país.

            Todo lo que ustedes juzgan digno en mi trabajo proviene de este lugar. Todo lo que juzgan digno en mis canciones o en mi poesía está inspirado en esta tierra.

            Por eso les agradezco tanto la cálida hospitalidad que han mostrado por mi trabajo. Porque él, en realidad, les pertenece y ustedes me han permitido estampar mi firma al pie de la página.
            
              Muchas gracias, señoras y caballeros”.
            
            Acabo de transcribir un fragmento del emotivo discurso de Leonard Cohen en la Gala de los Premios Príncipe de Asturias de 2011.
            
            Cuando habla el príncipe de la elegancia, y lo hace, además, con esa voz recóndita y misteriosa que cosquillea el alma, no hay nada que pueda decir este humilde opinador que realmente no sobre.

            Como español, como aficionado al flamenco y como devoto de Lorca sólo me atrevo a devolverle el cumplido: gracias, sr. Cohen, siempre será uno de los nuestros.

             Emitido el 14 de noviembre de 2016 en COPE
               

lunes, 31 de octubre de 2016

Holywins versus Halloween


           Aquí somos todos muy progres y muy antiamericanos, pero en cuanto llega noviembre, la peña pierde el culo por disfrazarse de zombi del thriller de Michael Jackson y maquillarse como si acabara de estrellarse con la moto contra un poste de la luz.
           
            Los hay que prefieren al psicópata enmascarado de peli slasher que asesina brutalmente a jóvenes y adolescentes con una motosierra en un lago perdido de Nebraska.
           
            Pero este año las estrellas indiscutibles son los payasos diabólicos, cruce de Pennywise y Ronald Mc Donald, que te asaltan en el garaje cuando estás aparcando el Opel Corsa o te esperan con una maza en la mano en mitad del parque por el que paseas al perro.
           
            Se ha hecho viral en la red un adagio que pregona que celebrar Halloween en España es como si en Wisconsin sacasen en procesión por el Mississippi al Cristo de los Faroles. Acompañado de un coro góspel de cuarenta negros cantando la famosa copla de Antonio Molina.
           
               Es verdad que la fiesta no es yanqui sino de origen celta, pero no lo es menos que a nuestro país llegó gracias al cine y la industria USA del entretenimiento.
           
            Hace poco más de una década, Halloween era sólo una celebración curiosa que observábamos desde fuera, pero los españoles somos, como Manolito Gafotas y su hermano el Imbécil, de ese tipo de gente que en tres días te monta una tradición.
           
                 Sobre todo si nos la venden los gringos de los que abominamos el resto del año.
           
                 La última incorporada al acervo patrio ha sido el Black Friday, que se celebra el viernes siguiente al día de Acción de Gracias y que consiste, como todas las demás, en cuadrarle el balance anual a las grandes superficies.
           
                 La fiesta de Halloween, esa suerte de paganismo de mercadillo, es una piedra en el zapato de los obispos españoles, que han contraprogramado con Holywins, un juego de palabras que en inglés significa “la santidad vence”, con el que pretenden recuperar la tradicional celebración cristiana de todos los santos.
           
              Una fiesta dirigida fundamentalmente a niños y jóvenes, a los que animan a salir a la calle disfrazados de santos y de vírgenes, en una iniciativa loable pero temeraria: no quiero ni pensar en qué puede acabar un encuentro fortuito entre un payaso asesino armado con un hacha y un san esteban sediento de martirio.
            
                      Emitido el 31 de octubre de 2016 en La mañana de COPE ("El lanzador de cuchillos")

lunes, 24 de octubre de 2016

La ley de la mordaza


              La manada de encapuchados que, tomando el nombre de la sagrada libertad de expresión en vano, reventó la conferencia que Felipe González tenía previsto pronunciar en la Universidad Autónoma de Madrid, probablemente ignora que en democracia son los medios los que deben justificar el fin.

            En los últimos años, la sociedad española ha sufrido un notable repliegue hacia la intransigencia. Estamos asistiendo al ascenso y entronización de los fanáticos y los intolerantes, individuos persuadidos de estar en posesión de la verdad absoluta y del derecho de imponerla urbi et orbi.

            El fanático grita su verdad y no atiende a más razones porque encarna la rectitud y la integridad con mayúsculas y los que le discuten sólo pueden hacerlo movidos por intereses bastardos.

             Su visión del mundo es totalitaria y ve en el adversario político un enemigo, un no ser, que, como tal, debe ser anulado, suprimido, silenciado.

             Los demócratas tenemos que defendernos de la intolerancia militante. Y tenemos que hacerlo de una manera activa. Sin complejos. No podemos capitular ante los bárbaros ni perder este combate por incomparecencia.

            Hoy ha sido Felipe, pero antes fueron Rubalcaba, Rosa Díez o Fernando Savater. Y mañana serán otros, porque el Querido Líder ha instado a las hordas moradas a tomar la calle y socializar el dolor.

               Tiemblo cada vez que oigo hablar de política de división, como si la política no fuera en esencia división. Para eso nos hemos dado la democracia, para gestionar la discordia y la discrepancia, que son inherentes a las sociedades plurales.

               Tenemos, ahora más que nunca, el derecho (y el deber) de discutir, de confrontar ideas, de estimular la reflexión y promover el debate político. El derecho a hablar y la obligación moral de escuchar: la generación de la Transición no se dejó la piel en la lucha por la libertad para que, cuarenta años después, sus nietos vuelvan a amordazar a los que piensan distinto.

           Emitido el 24 de octubre de 2016 en COPE ("El lanzador de cuchillos")

martes, 18 de octubre de 2016

Ya es otoño en Los Italianos


            Los granadinos sabemos que la vida es eso que nos ocurre mientras abren y cierran Los Italianos.

            La heladería que fundó Paolo de Rocco pocos días antes del estallido de la Guerra Civil señala el inicio oficioso de la primavera al abrir sus puertas por San José y despide definitivamente el verano el doce de octubre, cuando echa el pestillo y coloca en un rincón del pequeño vestíbulo una entrañable castañera de trapo.

            Ya es, pues, otoño en Los Italianos.

            Mientras el tic-tac de los relojes roe las horas como un ratón hambriento, los granadinos cruzan estos días la Gran Vía, camino de Plaza Nueva, dirigiendo una mirada fugaz a la puerta de cristal para constatar que no se han equivocado de abrigo.

            Antes de que alcancen a darse cuenta volverá la primavera y volverán las horchatas y las tartas de chocolate y, al poco, otra vez la castañera con su lucecita prendida, porque el tiempo, como la marea, ni se para ni espera.

            Octubre dejará apenas su estela y en dos días estará aquí el invierno, dejando su aliento de hielo en los puentes del Darro y en los balcones de la calle Reyes.

            Los granadinos, ensimismados, ajenos al tiempo que pasa, irán de su corazón a sus asuntos y un día igual que otros muchos, se sorprenderán de encontrar abierta la vieja puerta de cristal y de que el sol penetre de nuevo en el pasillo estrecho y se refleje en el pulcro mostrador metálico.  

            Ese hecho inesperado les alegrará la mañana y servirá para romper el hielo de algún encuentro casual.

            Y una noche de marzo inaugurarán sentimentalmente la primavera, en un rito mil veces repetido, que les llevará, Zacatín arriba, a revalidar la fidelidad a la tradición de unos sabores reconocibles.

            Y se acordarán de Cecilia, sesenta años detrás del mostrador, que prometía la gloria en vales de colores.

            Pedirán una cassata, la reina incontestable, esa pequeña parcela del paraíso, rellena de nata, fruta confitada y crocanti de almendra, que se tomarán en la calle, entre muchachas de ojos avellana y piel de vainilla.

            Serán, seremos, entonces, un poco más viejos.

            Pero ahora estoy aquí, en la esquina de Cortefiel, con las manos en los bolsillos, esperando que el semáforo me permita cruzar la Gran Vía, y Paolo Conte me susurra al oído con su voz ronca: “Gelato al limon, gelato al limon, sumérgete a fondo en la ciudad; gelato al limon, gelato al limon, mientras otro verano se nos va”.  
          
            ¡Qué cabrón el piamontés! Es verdad, se nos fue otro verano. Y están empezando a ser demasiados.
            Publicado en IDEAL

lunes, 17 de octubre de 2016

El espíritu Spiriman


   50.000 personas, nada menos. Aproximadamente una quinta parte de la población de la capital se echó ayer a la calle para gritar alto y claro que Granada necesita dos hospitales completos, con todas sus especialidades, y que la fusión hospitalaria ejecutada por la Junta de Andalucía supone un recorte sin precedentes de la sanidad pública, que afecta a la calidad y la seguridad asistenciales.

    La ciudad fue un clamor en una mañana emocionante en la que los granadinos hicimos, como en la canción de Mecano, “por una vez, algo a la vez”.

    El artífice del milagro, el culpable de que una ciudadanía que pocas veces ejerce como tal, tomara conciencia de su fuerza es Jesús Candel, un médico de Urgencias que un buen día, harto ya de estar harto, empezó a colgar en la Red vídeos de protesta, que rápidamente se convirtieron en virales, protagonizados por su alter ego, un superhéroe local de bata blanca, barba, gorra y gafas negras que responde al nombre de Spiriman.

    Al principio, los políticos y sus voceros mediáticos lo tomaron a chufla, pero cuando se dieron cuenta de que su mensaje empezaba a calar optaron por pegársele a rueda, los de un lado, e intentar cubrirlo de mierda, los del otro.

    Al enésimo intento de la política de reclamar para sí el protagonismo de la calle, el doctor Candel respondió con una convocatoria cívica exclusivamente ciudadana, consiguiendo movilizar a un extraordinario número de personas con un discurso cercano, vehemente y sincero.

    La manifestación de ayer ha sido una de las más multitudinarias que se recuerdan, pero Candel tiene un mérito aún mayor: haber conseguido aglutinar en torno a Spiriman al granadino de a pie, tradicionalmente acomodaticio, y espolearlo para que salga a la calle a enseñar los dientes y pelear por lo suyo.

    Debe haber un antes y un después del 16 de octubre porque Granada tiene muchos frentes abiertos. Así pues, confiemos en que el “espíritu Spiriman” no sea flor de un día y que esta ciudad deje definitivamente de excusarse en la manifiesta incompetencia de sus políticos y empiece a luchar con uñas y dientes por su futuro. 

    YEAH!!!   

    Emitido el 17 de octubre de 2016 en La mañana de COPE ("El lanzador de cuchillos") 
 
        


domingo, 9 de octubre de 2016

Martínmorales y la malafollá


          Se puede ver estos días en Granada la exposición “Martínmorales, el dibujo inagotable” que, comisariada por el periodista Alejandro Víctor, tiene, entre otros méritos, el de ser la primera retrospectiva dedicada al genial viñetista.

            La muestra hace un repaso riguroso a los cincuenta años de carrera de un dibujante extraordinariamente fértil, que forma parte por derecho propio, junto a los Mingote, Forges, Perich o Chumy Chúmez, del olimpo sagrado del humor gráfico español.

            La ingente obra de Martínmorales, de una singular radicalidad conceptual, desenmascara la hipocresía, los intereses desnudos y la violencia que hay detrás de todo poder.

            Para ello, ni siquiera precisa del humor.

            Sus dibujos, mudos o no, pueden ser caústicos o metafóricos, pero no buscan provocar la sonrisa, sino zarandear las conciencias. Es un púgil de pegada dura, no un cuentachistes floreado.

            Como un Montaigne alpujarreño, se ha pasado media vida encerrado en su torre de Almegíjar, con un lápiz y un papel, para meditar sobre la condición humana.
             
            Almeriense de cuna, el genio creador de Martínmorales es, sin embargo, profundamente granaíno. Sus personajes son ásperos, secos, directos. Como la contestación de un camarero del Suizo.

          Aunque ha sido siempre un hombre extraordinariamente afable y educado, sus viñetas son la sublimación artística de la malafollá.

      No hay individuo en la tierra con más malafollá que un mono de Martínmorales, con su calva, sus enormes ojeras y su cara descolgá

            Pondré dos ejemplos.

         En una viñeta publicada en IDEAL, unos jóvenes excursionistas, sudorosos y agotados, se dirigen a un campesino que lleva a la espalda una pesada carga: “¿y usted cómo se cura las agujetas?” Y el hombre, labrador de Cádiar o de Murtas, con su boina calada, los mira fijamente y contesta desabrido: “¿las agu…qué?”.

          En otra, que se publicó en ABC cuando se discutía la controvertida Ley de Memoria Histórica, un anciano escribe una carta a su hijo: “Querido hijo: el mismo empeño que pones en saber dónde está tu abuelo enterrado, podías ponerlo para recordar en qué residencia has dejado a tu padre, y venir a visitarlo”.

          Humor made in Graná, o lo que es lo mismo, la malafollá al servicio de la crítica social y la sátira política.  

                Emitido el 10 de octubre de 2016 en COPE ("El lanzador de cuchillos")

domingo, 2 de octubre de 2016

A millón el punto


            Hay entrenadores de fútbol a los que les fabrica el prestigio la prensa amiga.

            El Granada CF ya sufrió a uno de ellos, el inefable Joaquín Caparrós, campeón del pelotazo a ningún sitio, un hombre al que alguien debería preguntarle porqué se dedica a un deporte que no le gusta.

            El consorcio chino-catalán que gobierna el club en la actualidad, con un éxito que González Ruano habría definido como “descriptible”, acaba de empaquetar a uno de los productos más redondos salidos de esa factoría de ficción que es la prensa deportiva madrileña: el espídico y sobreexcitado Paco Jémez.

            El cordobés, como Juan Eduardo Esnáider, al que también han echado del Getafe, gastó melena salvaje de futbolista y es ahora un entrenador alopécico, “con más culo que cabeza”, como dijo el gran Ignacio Copani del que fuera delantero de Boca Martín Palermo.

            La prensa tikitakista, que ve un guardiola detrás de cada entrenador simplemente suicida, lo convirtió hace tiempo en un símbolo y le calentó las orejas con el caramelo de la Roja, pasando por alto su currículum exiguo y su irregular trayectoria.

            El periplo granadino de Jémez se resume en seis partidos, dos puntos y dos millones de €uros. A millón el punto.

            Desde que llegó no ha hecho más que quejarse en público y en privado. Es verdad que el equipo construido por la dirección deportiva es una calamidad, pero Mendilíbar, sin tanta literatura, hizo grande a un Eibar mediocre.
           
        En mes y medio de competición ha agotado el catálogo de excentricidades y salidas de tono: desde sustituir a jugadores que acababan de salir a pedir al club, ya en la segunda jornada, que lo cesara porque él no era entrenador para la plantilla que le habían preparado.

            Tras el hundimiento de UPyD, Rosa Díez declaró que su fallo había sido crear en España un partido apropiado para Dinamarca. Eso es lo que piensa Jémez: que propone fútbol del Barça a jugadores del Palamós.

            A él lo que le gustaría es ser seleccionador nacional para ver jugar bien al fútbol a Andrés Iniesta, que es como querer ser fotógrafo del Vogue para sacar guapa a la niña de Herrera.

            Ya han echado a Jémez, un verdadero bluff, un invento del Marca. Pero no es el único ni el principal culpable de la situación deportiva del Granada.

            Mientras viene el Lucas de turno -¡Señor, qué cruz!- ha cogido el equipo Lluis Planagumá. Me parece una decisión correcta: como mister del filial, debe estar acostumbrado a lidiar con jugadores de Segunda B. 

              Emitido el 3 de octubre de 2016 en La mañana de COPE+Granada ("El lanzador de cuchillos")

lunes, 26 de septiembre de 2016

Federico se respeta


           Leo en el periódico en el que escribe mi querido Ramón Ramos que, dos años después, las máquinas vuelven a excavar en el paraje de Alfacar en el que supuestamente yacen los restos del poeta Federico García Lorca.

            Han pasado ochenta años desde que se le viera “caminando entre fusiles, por una calle larga, salir al campo frío, aún con estrellas de la madrugada”, como cantara Machado, y todavía andamos buscando su calavera.

            El crimen fue en Granada, en su Granada. Y en Granada, en su Granada, hace más de una década que esperamos también el legado del poeta.

           El edificio que se proyectó para albergarlo se inauguró hace dos veranos, deprisa y corriendo, y sin rastro de los escritos ni de los dibujos de Federico.

         Después de veintitrés millones de €uros, un desfalco y un litigio disparatado contra una churrería, ahí está, en una esquina de la Romanilla, esa enorme caja de acero, como un colosal monumento a la incompetencia.

          En el aniversario de su muerte, a políticos y gestores culturales de todo pelaje se les llenó la boca de lirismo, memoria y compromiso.

          Volvieron a enfrentarse y a enfrentarnos tomando el nombre de Federico en vano.

            Y después, todos juntos, en amor y compaña, se tomaron un vaso de vino y charlaron de sus cosas –que no son las nuestras ni las del poeta de Fuentevaqueros- en el bar de ese inmenso edificio vacío que es la medida exacta de su desvergüenza.

            Claro, que casi mejor así, porque cuando los barandas de la cosa cultural y la sobrina americana del poeta tengan a bien entregar su legado a la ciudad, los estudiosos franceses o escandinavos que quieran investigar en el Centro Lorca van a tener que venir andando.

         “Santa Marta tiene tren, pero no tiene tranvía” decía aquel famoso vallenato que sonaba en las verbenas de nuestros pueblos. Pues no saben la suerte que tienen los colombianos porque la Granada que pretende ser Capital Europea de la Cultura no tiene ni tren ni tranvía. Y al aeropuerto no llegan más que cuatro avionetas espantanubes.

           Aunque seguro que nuestros políticos encuentran una solución imaginativa a este problema: por ejemplo, impulsar el Camino de Federico, una suerte de ruta jacobea de la poesía para que los amantes de la obra de Lorca recorran medio mundo a pie hasta llegar a la Plaza de la Romanilla, donde les recibiría el concejal de turno para hacerles entrega de un diploma acreditativo y otorgarles la indulgencia plenaria.

            El desdén de la Granada oficial hacia el hijo más ilustre de la provincia es un asunto de pasodoble lacrimógeno de una comparsa del Puerto, pero como por estas tierras del este somos más expeditivos, remataré la columna con una quintilla desafiante:

            El Centro Lorca han abierto
            y no hay rastro del poeta;
            a los que se echan el muerto,
            como granadino, advierto:
            Federico se respeta.

            Emitido el 26 de septiembre de 2016 en La mañana de COPE+Granada ("El lanzador de cuchillos")

lunes, 12 de septiembre de 2016

El lanzador de cuchillos


        En mi afán por recuperar oficios moribundos y extravagantes, que me ha llevado también a vender crecepelo en mi blog de internet, he querido que esta colaboración escrita, esta columna cantada, lleve por nombre “El lanzador de cuchillos”.

            Desde hoy, todos los lunes mientras me dejen, procuraré convertir este espacio en un circo de palabras aptas -casi siempre- para todos los públicos.

            Me encomendaré  para ello a Antonio de Orsini, aquel lanzador de leyenda que era capaz de acertar mirando y sin mirar y que conseguía el silencio y la atención del público durante unos segundos que parecían eternos.

            Aunque mi héroe es El Gran Throwdini, elegante y audaz, que lanza hasta noventa y siete cuchillos por minuto sobre su bella ayudante todas las noches y es, además, un ministro de la Iglesia que ha celebrado más de tres mil matrimonios, por lo que su advocación será sin duda bien recibida en esta emisora.

            Prometo ironía, buen humor y mala leche. Como las de todo lanzador de cuchillos que se precie mis dagas serán incisivas y afiladas, pero no descuidarán dos virtudes fundamentales del oficio: la precisión y la puntería justa, que son indispensables para no herir.

            El lanzador es una mezcla de hipnotizador y acróbata del riesgo de cuya mano salen despedidos los cuchillos, uno tras otro, -mientras la rueda no para de dar vueltas-, dejando en su camino un arcoiris de destellos plateados que cesa cuando el puñal alcanza su objetivo.

            En esta carpa de la radio, habrá también momentos en que la palabra se suba al trapecio para jugar con los límites del equilibrio y otros en que escupa fuego o tenga que tragarse un sable.

            Otras veces, las menos, quizá se obre el milagro de la belleza elegante y sutil de la amazona.

            ¡Que empiece la función! Que redoblen los tambores y la rueda comience a girar. Ya tengo el cuchillo en la mano y el dardo en la palabra.

            Intentaré que el riesgo parezca menos riesgo, aunque en ocasiones, cuando se apura mucho, aparecen imperceptibles gotas de sangre en el cuerpo de la chica.

            Pero no teman porque, en el fondo, el lanzador de cuchillos no es más que un pobre poeta, de esmoquin alquilado, que sólo busca el beso de la rubia platino. 

            Emitido el lunes 12 de septiembre en La mañana de COPE+Granada ("El lanzador de cuchillos")