lunes, 26 de septiembre de 2016

Federico se respeta


           Leo en el periódico en el que escribe mi querido Ramón Ramos que, dos años después, las máquinas vuelven a excavar en el paraje de Alfacar en el que supuestamente yacen los restos del poeta Federico García Lorca.

            Han pasado ochenta años desde que se le viera “caminando entre fusiles, por una calle larga, salir al campo frío, aún con estrellas de la madrugada”, como cantara Machado, y todavía andamos buscando su calavera.

            El crimen fue en Granada, en su Granada. Y en Granada, en su Granada, hace más de una década que esperamos también el legado del poeta.

           El edificio que se proyectó para albergarlo se inauguró hace dos veranos, deprisa y corriendo, y sin rastro de los escritos ni de los dibujos de Federico.

         Después de veintitrés millones de €uros, un desfalco y un litigio disparatado contra una churrería, ahí está, en una esquina de la Romanilla, esa enorme caja de acero, como un colosal monumento a la incompetencia.

          En el aniversario de su muerte, a políticos y gestores culturales de todo pelaje se les llenó la boca de lirismo, memoria y compromiso.

          Volvieron a enfrentarse y a enfrentarnos tomando el nombre de Federico en vano.

            Y después, todos juntos, en amor y compaña, se tomaron un vaso de vino y charlaron de sus cosas –que no son las nuestras ni las del poeta de Fuentevaqueros- en el bar de ese inmenso edificio vacío que es la medida exacta de su desvergüenza.

            Claro, que casi mejor así, porque cuando los barandas de la cosa cultural y la sobrina americana del poeta tengan a bien entregar su legado a la ciudad, los estudiosos franceses o escandinavos que quieran investigar en el Centro Lorca van a tener que venir andando.

         “Santa Marta tiene tren, pero no tiene tranvía” decía aquel famoso vallenato que sonaba en las verbenas de nuestros pueblos. Pues no saben la suerte que tienen los colombianos porque la Granada que pretende ser Capital Europea de la Cultura no tiene ni tren ni tranvía. Y al aeropuerto no llegan más que cuatro avionetas espantanubes.

           Aunque seguro que nuestros políticos encuentran una solución imaginativa a este problema: por ejemplo, impulsar el Camino de Federico, una suerte de ruta jacobea de la poesía para que los amantes de la obra de Lorca recorran medio mundo a pie hasta llegar a la Plaza de la Romanilla, donde les recibiría el concejal de turno para hacerles entrega de un diploma acreditativo y otorgarles la indulgencia plenaria.

            El desdén de la Granada oficial hacia el hijo más ilustre de la provincia es un asunto de pasodoble lacrimógeno de una comparsa del Puerto, pero como por estas tierras del este somos más expeditivos, remataré la columna con una quintilla desafiante:

            El Centro Lorca han abierto
            y no hay rastro del poeta;
            a los que se echan el muerto,
            como granadino, advierto:
            Federico se respeta.

            Emitido el 26 de septiembre de 2016 en La mañana de COPE+Granada ("El lanzador de cuchillos")

lunes, 12 de septiembre de 2016

El lanzador de cuchillos


        En mi afán por recuperar oficios moribundos y extravagantes, que me ha llevado también a vender crecepelo en mi blog de internet, he querido que esta colaboración escrita, esta columna cantada, lleve por nombre “El lanzador de cuchillos”.

            Desde hoy, todos los lunes mientras me dejen, procuraré convertir este espacio en un circo de palabras aptas -casi siempre- para todos los públicos.

            Me encomendaré  para ello a Antonio de Orsini, aquel lanzador de leyenda que era capaz de acertar mirando y sin mirar y que conseguía el silencio y la atención del público durante unos segundos que parecían eternos.

            Aunque mi héroe es El Gran Throwdini, elegante y audaz, que lanza hasta noventa y siete cuchillos por minuto sobre su bella ayudante todas las noches y es, además, un ministro de la Iglesia que ha celebrado más de tres mil matrimonios, por lo que su advocación será sin duda bien recibida en esta emisora.

            Prometo ironía, buen humor y mala leche. Como las de todo lanzador de cuchillos que se precie mis dagas serán incisivas y afiladas, pero no descuidarán dos virtudes fundamentales del oficio: la precisión y la puntería justa, que son indispensables para no herir.

            El lanzador es una mezcla de hipnotizador y acróbata del riesgo de cuya mano salen despedidos los cuchillos, uno tras otro, -mientras la rueda no para de dar vueltas-, dejando en su camino un arcoiris de destellos plateados que cesa cuando el puñal alcanza su objetivo.

            En esta carpa de la radio, habrá también momentos en que la palabra se suba al trapecio para jugar con los límites del equilibrio y otros en que escupa fuego o tenga que tragarse un sable.

            Otras veces, las menos, quizá se obre el milagro de la belleza elegante y sutil de la amazona.

            ¡Que empiece la función! Que redoblen los tambores y la rueda comience a girar. Ya tengo el cuchillo en la mano y el dardo en la palabra.

            Intentaré que el riesgo parezca menos riesgo, aunque en ocasiones, cuando se apura mucho, aparecen imperceptibles gotas de sangre en el cuerpo de la chica.

            Pero no teman porque, en el fondo, el lanzador de cuchillos no es más que un pobre poeta, de esmoquin alquilado, que sólo busca el beso de la rubia platino. 

            Emitido el lunes 12 de septiembre en La mañana de COPE+Granada ("El lanzador de cuchillos")