lunes, 12 de septiembre de 2016

El lanzador de cuchillos


        En mi afán por recuperar oficios moribundos y extravagantes, que me ha llevado también a vender crecepelo en mi blog de internet, he querido que esta colaboración escrita, esta columna cantada, lleve por nombre “El lanzador de cuchillos”.

            Desde hoy, todos los lunes mientras me dejen, procuraré convertir este espacio en un circo de palabras aptas -casi siempre- para todos los públicos.

            Me encomendaré  para ello a Antonio de Orsini, aquel lanzador de leyenda que era capaz de acertar mirando y sin mirar y que conseguía el silencio y la atención del público durante unos segundos que parecían eternos.

            Aunque mi héroe es El Gran Throwdini, elegante y audaz, que lanza hasta noventa y siete cuchillos por minuto sobre su bella ayudante todas las noches y es, además, un ministro de la Iglesia que ha celebrado más de tres mil matrimonios, por lo que su advocación será sin duda bien recibida en esta emisora.

            Prometo ironía, buen humor y mala leche. Como las de todo lanzador de cuchillos que se precie mis dagas serán incisivas y afiladas, pero no descuidarán dos virtudes fundamentales del oficio: la precisión y la puntería justa, que son indispensables para no herir.

            El lanzador es una mezcla de hipnotizador y acróbata del riesgo de cuya mano salen despedidos los cuchillos, uno tras otro, -mientras la rueda no para de dar vueltas-, dejando en su camino un arcoiris de destellos plateados que cesa cuando el puñal alcanza su objetivo.

            En esta carpa de la radio, habrá también momentos en que la palabra se suba al trapecio para jugar con los límites del equilibrio y otros en que escupa fuego o tenga que tragarse un sable.

            Otras veces, las menos, quizá se obre el milagro de la belleza elegante y sutil de la amazona.

            ¡Que empiece la función! Que redoblen los tambores y la rueda comience a girar. Ya tengo el cuchillo en la mano y el dardo en la palabra.

            Intentaré que el riesgo parezca menos riesgo, aunque en ocasiones, cuando se apura mucho, aparecen imperceptibles gotas de sangre en el cuerpo de la chica.

            Pero no teman porque, en el fondo, el lanzador de cuchillos no es más que un pobre poeta, de esmoquin alquilado, que sólo busca el beso de la rubia platino. 

            Emitido el lunes 12 de septiembre en La mañana de COPE+Granada ("El lanzador de cuchillos")