domingo, 2 de octubre de 2016

A millón el punto


            Hay entrenadores de fútbol a los que les fabrica el prestigio la prensa amiga.

            El Granada CF ya sufrió a uno de ellos, el inefable Joaquín Caparrós, campeón del pelotazo a ningún sitio, un hombre al que alguien debería preguntarle porqué se dedica a un deporte que no le gusta.

            El consorcio chino-catalán que gobierna el club en la actualidad, con un éxito que González Ruano habría definido como “descriptible”, acaba de empaquetar a uno de los productos más redondos salidos de esa factoría de ficción que es la prensa deportiva madrileña: el espídico y sobreexcitado Paco Jémez.

            El cordobés, como Juan Eduardo Esnáider, al que también han echado del Getafe, gastó melena salvaje de futbolista y es ahora un entrenador alopécico, “con más culo que cabeza”, como dijo el gran Ignacio Copani del que fuera delantero de Boca Martín Palermo.

            La prensa tikitakista, que ve un guardiola detrás de cada entrenador simplemente suicida, lo convirtió hace tiempo en un símbolo y le calentó las orejas con el caramelo de la Roja, pasando por alto su currículum exiguo y su irregular trayectoria.

            El periplo granadino de Jémez se resume en seis partidos, dos puntos y dos millones de €uros. A millón el punto.

            Desde que llegó no ha hecho más que quejarse en público y en privado. Es verdad que el equipo construido por la dirección deportiva es una calamidad, pero Mendilíbar, sin tanta literatura, hizo grande a un Eibar mediocre.
           
        En mes y medio de competición ha agotado el catálogo de excentricidades y salidas de tono: desde sustituir a jugadores que acababan de salir a pedir al club, ya en la segunda jornada, que lo cesara porque él no era entrenador para la plantilla que le habían preparado.

            Tras el hundimiento de UPyD, Rosa Díez declaró que su fallo había sido crear en España un partido apropiado para Dinamarca. Eso es lo que piensa Jémez: que propone fútbol del Barça a jugadores del Palamós.

            A él lo que le gustaría es ser seleccionador nacional para ver jugar bien al fútbol a Andrés Iniesta, que es como querer ser fotógrafo del Vogue para sacar guapa a la niña de Herrera.

            Ya han echado a Jémez, un verdadero bluff, un invento del Marca. Pero no es el único ni el principal culpable de la situación deportiva del Granada.

            Mientras viene el Lucas de turno -¡Señor, qué cruz!- ha cogido el equipo Lluis Planagumá. Me parece una decisión correcta: como mister del filial, debe estar acostumbrado a lidiar con jugadores de Segunda B. 

              Emitido el 3 de octubre de 2016 en La mañana de COPE+Granada ("El lanzador de cuchillos")