lunes, 28 de noviembre de 2016

Martín de nombre


               Desde que, hace unos días, acepté la propuesta de Juan Prieto para entrar a formar parte del plantel de columnistas de Granada Digital empecé a darle vueltas a la cabeza sobre la mejor forma de comparecer ante mis nuevos lectores.

            Se me ocurrió que podía hacerlo a la manera de Camba, presentando mis respetos a la aún desconocida concurrencia, como hizo el genial gallego hace un siglo cuando publicó su primer artículo en ABC. Ya saben: “Me llamo Domingo” y tal. Pero tendría que dar muchas explicaciones: “Domingo de apellido, Martín de nombre”. Además -pensé- yo no soy Camba, ni este diario digital que amablemente me acoge tiene el marchamo aristocrático del diario de los Luca de Tena; así que la cosa podría resultar presuntuosa y hasta algo ridícula.

            Mejor empezar atacando un tema de candente actualidad sobre el que proyectar una mirada ingeniosa y singular. La mía.

             La actualidad, además, viene cargadita de noticias. Por ejemplo, Fidel Castro, el segundo dictador gallego que muere en la cama y al que Podemos, Izquierda Unida y sus secuaces virtuales le han hecho el homenaje que juzgaban inaceptable hace una semana para Rita Barberá, que fue 24 años alcaldesa de Valencia y ganó por mayoría absoluta cinco elecciones libres y democráticas. Por cierto, mucho ojito con Donald Trump que, sin estar aún al mando de la CIA, ha conseguido en diez días lo que sus jerifaltes estuvieron intentando cuarenta años.

            También es noticia Jesús Candel, el Doctor Facebook, según hallazgo de la agudísima Inés Gallastegui, que está haciendo historia, al reunir por tercera vez en mes y medio a decenas de miles de granadinos contra la fusión hospitalaria de Susana Díaz, gracias a esos vídeos diarios en los que nos informa, entre otras cosas, de la evolución de sus diarreas o de los “peíllos” follones e inaplazables que se le escapan en las guardias, porque los voluntarios y ruidosos -según confiesa- se los deja para casa.

            O el Black Friday, la última americanada incorporada al acervo patrio, que se celebra el viernes siguiente al día de Acción de Gracias y que no tiene otro objetivo que ayudar a cuadrar los balances anuales de las grandes superficies.

            Hasta el rojerío más conspicuo ha sucumbido a la tentación consumista del Viernes Negro. Eso sí, con una actitud vergonzante como la mostrada por la granadina Librería Praga, quien se parapetó en su web detrás de la muerte de Marcos Ana y Leonard Cohen para hacerse perdonar (con más motivos en el caso de Cohen que en el del poeta comunista) el haber caído en las redes del capitalismo asesino, como si fuese una vulgar librería del carrefour en vez de un templo de la cultura alternativa.

            Pero, sin duda, la noticia que más me ha impactado por su calado socio-político es la que leí el otro día mientras desayunaba: “El Ayuntamiento de Cádiz enseña a las desempleadas a estimularse el clítoris”. Enhorabuena, gaditanas. Ya era hora de que las paradas de Cádiz utilizaran las manos para algo más que hacerse tirabuzones (con las bombas que tiran los fanfarrones).  

            Me parece una forma original e imaginativa de fomentar el autoempleo. O la autogestión, por ser más coherentes con el ideario anticapitalista de la rama gaditana de Podemos.

            Gracias al alcalde y a su concejal de la Mujer, Ana Camelo, que no tiene un apellido, sino una declaración de intenciones, las paradas de Cádiz no van a parar quietas. Ya me imagino la pancarta de agradecimiento: “Con Kichi, nos tocamos el chichi”. Esto sí que es una reforma laboral estimulante.
           
        Voy a ir terminando, que no quiero cansarles el primer día con mi gacetilla.
           
            Vuelvo a Camba, para cerrar el círculo.

            Entrar en un periódico es como entrar en el seno de una familia extraña. Uno no conoce a los lectores y los lectores no lo conocen a uno. Ellos no saben nada de tu humor, de tus manías, de tus creencias. Y claro, te sientes cohibido, como cuando te presentan a tu suegro e ignoras si le caerás bien.

            Vengo de sacar la lengua en Ideal, vender crecepelo en un blog y lanzar cuchillos en la Cope. Y ahora llego aquí, para expresar, como Nabokov, opiniones contundentes.

            Pero no teman, en el fondo soy un buen chico al que harían mal en tomarse demasiado en serio. Y demasiado en broma.

               Publicado el 28 de noviembre de 2016 en Granada Digital ("Opiniones Contundentes")

Spiriman contra el mundo


      Spiriman lo ha vuelto a hacer. Desafiando a las inclemencias meteorológicas, ha conseguido, por tercera vez en mes y medio, que Granada entera se eche a la calle para gritar a los responsables de la Junta que no va a renunciar a sus dos hospitales completos, ni va a aceptar el recorte sanitario que se esconde tras la fusión.

            Carlos Cano expresó una queja cargada de pesimismo social en aquella famosa copla carnavalera. Ya saben, la que decía eso de “si en vez de ser pajarito, fuéramos tigre bengala, a ver quién sería el guapito de meternos en una jaula”.

            Spiriman ha obrado un milagro extraordinario: conseguir que el dócil e indolente pajarito granaíno haya mutado inopinadamente en fiero tigre de bengala que enseña, por fin, los dientes al poder y se tira a la calle a pelear por lo suyo.

            En una ciudad donde los problemas suelen morir en la cama como si fueran dictadores gallegos, la tenacidad, la determinación y la fe del doctor Candel y su alter ego de gorra y gafas negras son verdaderamente encomiables.

             Pero hay una faceta de la personalidad de Spiriman, que se ha revelado con mayor nitidez a medida que el personaje ha ido adquiriendo notoriedad, que ya no tiene tanta gracia.

          La verborrea espontánea y vehemente, pero bienhumorada, de los primeros vídeos, ha dado paso a un discurso hosco y agresivo en el que se injuria y se calumnia sin tasa a todo el que se atreva a matizar mínimamente su errática línea argumental.

          Spiriman, visiblemente agrandado, habla ya desde el púlpito de su autoproclamada superioridad moral, y convencido como está de encarnar la rectitud con mayúsculas, no acepta más verdad que la suya, que sólo puede ser contradicha por sinvergüenzas movidos por intereses bastardos.

            Es fácil imaginar que estará sufriendo presiones y maniobras de todo tipo, pero su visión del conflicto empieza a ser preocupantemente paranoica y totalitaria. Como el quijote 3.0 que cree representar, ve enemigos por todas partes, a los que azuza de manera irresponsable el doberman de las redes, propiciando su linchamiento inmisericorde.

            El doctor Candel, que es un hombre extraordinario, deberá embridar el caballo desbocado de Spiriman para que el objetivo final, justo y deseable, de una sanidad pública digna y de calidad, no se malogre.

            No estaría de más que alguien le recordase, ahora que ha muerto Fidel, en que acabó la última revolución de barbudos.

                 Emitido el 28 de noviembre de 2016 en COPE ("El lanzador de cuchillos")

domingo, 20 de noviembre de 2016

Patriotismo de paraguas


           Servidor, como andaluz, empieza a estar hasta las narices de que esta tierra sea siempre el saco de los golpes, el muñeco de pim pam pum al que disparan todos los políticos demagogos de allende Despeñaperros para justificar su propia incompetencia o desviar la atención de los zulos financieros en los que esconden los billetes de quinientos euros, procedentes del cohecho y el expolio de las arcas públicas

            Como si los andaluces no tuviéramos ya bastante con nuestros propios políticos, cada cierto tiempo tenemos que aguantar las ofensas segregacionistas de los nacionalistas periféricos, campeones del latrocinio, o el desprecio clasista de la vieja derecha capitalina.  

         La última en apuntarse a esa práctica tramposa e indecente ha sido Cristina Cifuentes, la presidenta madrileña, del ala oxigenada del pepé, quien ha asegurado que la Comunidad de Madrid paga la sanidad, la educación y otros servicios básicos de los andaluces, olvidando que en España no tributan los territorios, sino los contribuyentes y que muchas empresas, como las grandes entidades de los sectores energético, turístico o petrolero, obtienen sus beneficios en Andalucía, pero tienen el domicilio fiscal en Madrid.

         Tanto censurar el discurso rufianesco del charnego agradecido en la sesión de investidura de Rajoy para plagiárselo después de manera indecorosa, aprovechando que el Genil baja de Sierra Nevada y que los andaluces parecen tener siempre puesta la cara para recibir las bofetadas.

            De la calle Génova -no recuerdo si antes o después de que arreglaran la sede con dinero negro- nos llegó también el pitas pitas de Esperanza Aguirre y el insulto de Ana Mato a los niños andaluces, -y de paso a sus padres y profesores-, a los que definió como “prácticamente analfabetos”. Tiempo después mostró su preocupación porque esos mismos niños estuvieran en clase “tirados en el suelo”.

            Y no le faltaba razón, los chiquillos habrían estado mucho más cómodos en los asientos de cuero del Jaguar que la trama Gürtel le regaló a su marido. Y ya puestos, los bolsos de Vuitton de la sra. Mato les habrían venido de perlas para meter los donuts y el libro de mates.

    Me consta, porque la conozco bien, que Madrid es una ciudad extraordinariamente abierta, integradora y solidaria, pero ello no obsta para que en determinados ambientes de la capital subsista el cliché del andaluz simpático e inconstante, vago y subvencionado, que tapa la realidad profunda de una Andalucía seria y trabajadora, ambiciosa e inconformista, que huye del tópico, pero no se lleva los flashes.

         Las declaraciones patosas de Cristina Cifuentes sólo contribuyen a embarrar el terreno de juego y a perpetuar injusta e innecesariamente el agravio.

              Y muestran, de paso, que el patriotismo, para algunos, no es más que un paraguas enorme con el que intentan protegerse de sus propias miserias.  

                Emitido el 21 de noviembre de 2016 en COPE

martes, 15 de noviembre de 2016

COMPETENCIA LEAL por Juan Soto Ivars


               ¿Y qué somos todos los columnistas, al fin y al cabo, sino vendedores de crecepelo?
           
            Arrastramos nuestra maletilla por los pueblos, nos subimos a una caja de verduras dada la vuelta, ahuecamos las manos en torno a la boca y tratamos desesperadamente de vender nuestra loción. No es, claro, una poción mágica.
           
            Cada vendedor de crecepelo tiene su fórmula secreta. Unos le ponen comino, otros le ponen canela, que cantaba Julio Iglesias en su inolvidable canción porno El bacalao. Lo que le pone Martín Domingo es un elemento que escasea más que el coltán en estos tiempos: sentido común.

            El tópico dice que este sentido es el menos común, y tanto Martín como yo detestamos los tópicos. Démosle la vuelta en esta fiesta de cumpleaños, no amarguemos la tarta con cuatro velitas, digámoslo a nuestra manera: lo que Martín le pone a su loción se llama individualismo radical.

            Lleva cuatro años volcando en estas páginas sus pensamientos, su loción -el muy cabrón lo hace con cuenta gotas y nos tiene siempre con ganas de más- y no ha habido una sola vez que yo haya tenido la sensación de que le plagiaba la fórmula a otro vendedor de crecepelo. Las palabras de Martín Domingo siempre son suyas. Para lo bueno, para lo malo. En la calvicie y en el pelo pantén.

            Siempre, contra viento y marea, ha sido él mismo. No le importa que el pueblo venga a escucharle y le compre la pócima, y le trae sin cuidado – esto es una suposición mía- que en lugar de billetes le lluevan tomates podridos.

            Martín Domingo escribe con la creencia de que su visión del mundo es demasiado valiosa como para dejarla apuntada en un diario secreto.

            Y yo, que vendo un crecepelo diferente, no puedo más que decirle que en esto tiene toda la razón.

            No dejes de vendernos este remedio milagroso para la cabeza, Martín. Que no nos crecerá el pelo, eso es seguro, pero algo bueno ocurrirá dos plantas más abajo de nuestro cuero cabelludo.                                                                                           

                                                           JUAN SOTO IVARS

            

lunes, 14 de noviembre de 2016

Gracias, sr. Cohen


            “Majestad, altezas reales, miembros del jurado, distinguidos señores, damas y caballeros:
            
             Es un gran honor estar aquí esta noche ante ustedes.
           
         No estoy acostumbrado a enfrentarme a una audiencia sin una orquesta que me respalde, pero esta noche intentaré dar lo mejor de mí como artista solista.
          
         Obviamente, estoy profundamente emocionado por este reconocimiento de la Fundación, pero hoy he venido a expresar otra clase de agradecimiento.
        
        Mientras hacía las maletas en Los Angeles, me sentía un poco inquieto porque los premios de poesía siempre me han resultado algo equívocos.
    
        La poesía viene de un lugar que nadie comanda, que nadie conquista. Por eso me siento casi un charlatán, al aceptar un premio por una actividad que no domino.
  
          En otras palabras, si yo supiera de dónde vienen las buenas canciones, iría a ese lugar más a menudo.

         En medio de esa tarea de hacer las maletas, sentí la necesidad de ir a ver mi guitarra.

        Tengo una guitarra hecha en España, un hermoso instrumento que conseguí hace más de cuarenta años.

            La saqué de la funda, la sostuve en mis manos, acerqué mi rostro a su boca de hermoso diseño y respiré la fragancia de la madera viva, el perfume del cedro, tan fresco como el primer día, y una voz pareció decirme: “eres ya un hombre viejo y no has llevado tu agradecimiento al suelo que nutrió esta fragancia”.

           Así que aquí estoy esta noche para dar las gracias a la tierra y el alma de esta gente que tanto me ha dado.

          Ustedes saben de mi profunda asociación y confraternidad con el poeta Federico García Lorca. Cuando yo era un adolescente leí, traducidos, los poemas de Lorca y comprendí que en ellos había una voz, y él me dio permiso para encontrar la mía.

      Con el paso de los años, comprendí que esta voz incluía algunas instrucciones: nunca plañir con displicencia y que si alguien va a expresar la gran e inevitable caída que nos espera a todos, debe hacerlo dentro de los estrictos límites de la dignidad y la belleza. 

            Con Lorca encontré una voz, pero aún no tenía un instrumento. No tenía la canción.

            Yo era un guitarrista mediocre, pero un día, a principios de los sesenta, un chico joven que tocaba flamenco en un parque de Montreal aceptó darme unas clases y enseñarme algunos acordes. Esos seis acordes, esa progresión de guitarra, han sido la base de todas mis canciones y de toda mi música.

         Ahora ustedes pueden empezar a comprender la dimensión del agradecimiento que siento por este país.

            Todo lo que ustedes juzgan digno en mi trabajo proviene de este lugar. Todo lo que juzgan digno en mis canciones o en mi poesía está inspirado en esta tierra.

            Por eso les agradezco tanto la cálida hospitalidad que han mostrado por mi trabajo. Porque él, en realidad, les pertenece y ustedes me han permitido estampar mi firma al pie de la página.
            
              Muchas gracias, señoras y caballeros”.
            
            Acabo de transcribir un fragmento del emotivo discurso de Leonard Cohen en la Gala de los Premios Príncipe de Asturias de 2011.
            
            Cuando habla el príncipe de la elegancia, y lo hace, además, con esa voz recóndita y misteriosa que cosquillea el alma, no hay nada que pueda decir este humilde opinador que realmente no sobre.

            Como español, como aficionado al flamenco y como devoto de Lorca sólo me atrevo a devolverle el cumplido: gracias, sr. Cohen, siempre será uno de los nuestros.

             Emitido el 14 de noviembre de 2016 en COPE