martes, 15 de noviembre de 2016

COMPETENCIA LEAL por Juan Soto Ivars


               ¿Y qué somos todos los columnistas, al fin y al cabo, sino vendedores de crecepelo?
           
            Arrastramos nuestra maletilla por los pueblos, nos subimos a una caja de verduras dada la vuelta, ahuecamos las manos en torno a la boca y tratamos desesperadamente de vender nuestra loción. No es, claro, una poción mágica.
           
            Cada vendedor de crecepelo tiene su fórmula secreta. Unos le ponen comino, otros le ponen canela, que cantaba Julio Iglesias en su inolvidable canción porno El bacalao. Lo que le pone Martín Domingo es un elemento que escasea más que el coltán en estos tiempos: sentido común.

            El tópico dice que este sentido es el menos común, y tanto Martín como yo detestamos los tópicos. Démosle la vuelta en esta fiesta de cumpleaños, no amarguemos la tarta con cuatro velitas, digámoslo a nuestra manera: lo que Martín le pone a su loción se llama individualismo radical.

            Lleva cuatro años volcando en estas páginas sus pensamientos, su loción -el muy cabrón lo hace con cuenta gotas y nos tiene siempre con ganas de más- y no ha habido una sola vez que yo haya tenido la sensación de que le plagiaba la fórmula a otro vendedor de crecepelo. Las palabras de Martín Domingo siempre son suyas. Para lo bueno, para lo malo. En la calvicie y en el pelo pantén.

            Siempre, contra viento y marea, ha sido él mismo. No le importa que el pueblo venga a escucharle y le compre la pócima, y le trae sin cuidado – esto es una suposición mía- que en lugar de billetes le lluevan tomates podridos.

            Martín Domingo escribe con la creencia de que su visión del mundo es demasiado valiosa como para dejarla apuntada en un diario secreto.

            Y yo, que vendo un crecepelo diferente, no puedo más que decirle que en esto tiene toda la razón.

            No dejes de vendernos este remedio milagroso para la cabeza, Martín. Que no nos crecerá el pelo, eso es seguro, pero algo bueno ocurrirá dos plantas más abajo de nuestro cuero cabelludo.                                                                                           

                                                           JUAN SOTO IVARS