lunes, 28 de noviembre de 2016

Spiriman contra el mundo


      Spiriman lo ha vuelto a hacer. Desafiando a las inclemencias meteorológicas, ha conseguido, por tercera vez en mes y medio, que Granada entera se eche a la calle para gritar a los responsables de la Junta que no va a renunciar a sus dos hospitales completos, ni va a aceptar el recorte sanitario que se esconde tras la fusión.

            Carlos Cano expresó una queja cargada de pesimismo social en aquella famosa copla carnavalera. Ya saben, la que decía eso de “si en vez de ser pajarito, fuéramos tigre bengala, a ver quién sería el guapito de meternos en una jaula”.

            Spiriman ha obrado un milagro extraordinario: conseguir que el dócil e indolente pajarito granaíno haya mutado inopinadamente en fiero tigre de bengala que enseña, por fin, los dientes al poder y se tira a la calle a pelear por lo suyo.

            En una ciudad donde los problemas suelen morir en la cama como si fueran dictadores gallegos, la tenacidad, la determinación y la fe del doctor Candel y su alter ego de gorra y gafas negras son verdaderamente encomiables.

             Pero hay una faceta de la personalidad de Spiriman, que se ha revelado con mayor nitidez a medida que el personaje ha ido adquiriendo notoriedad, que ya no tiene tanta gracia.

          La verborrea espontánea y vehemente, pero bienhumorada, de los primeros vídeos, ha dado paso a un discurso hosco y agresivo en el que se injuria y se calumnia sin tasa a todo el que se atreva a matizar mínimamente su errática línea argumental.

          Spiriman, visiblemente agrandado, habla ya desde el púlpito de su autoproclamada superioridad moral, y convencido como está de encarnar la rectitud con mayúsculas, no acepta más verdad que la suya, que sólo puede ser contradicha por sinvergüenzas movidos por intereses bastardos.

            Es fácil imaginar que estará sufriendo presiones y maniobras de todo tipo, pero su visión del conflicto empieza a ser preocupantemente paranoica y totalitaria. Como el quijote 3.0 que cree representar, ve enemigos por todas partes, a los que azuza de manera irresponsable el doberman de las redes, propiciando su linchamiento inmisericorde.

            El doctor Candel, que es un hombre extraordinario, deberá embridar el caballo desbocado de Spiriman para que el objetivo final, justo y deseable, de una sanidad pública digna y de calidad, no se malogre.

            No estaría de más que alguien le recordase, ahora que ha muerto Fidel, en que acabó la última revolución de barbudos.

                 Emitido el 28 de noviembre de 2016 en COPE ("El lanzador de cuchillos")