lunes, 17 de julio de 2017

La playa


Hace veinte años la muerte anunciada de Miguel Angel Blanco sacó a la superficie lo mejor de nosotros, cuando aún no habíamos subvertido los valores, cuando todavía nos dolían más la tortura y el asesinato cruel de un hombre joven que el sacrificio de un perro potencialmente contagioso.

El espíritu de Ermua duró poco, fue apenas un destello, pero dejó para la historia momentos emocionantes de solidaridad con las víctimas del terrorismo y de unión entre los españoles de bien.

Como dice Jorge Bustos, el político no puede permitir que la concordia devore su alma. Menos aún el nacionalista, que hace del enfrentamiento su razón de vida. Por eso, los partidos abertzales se dieron prisa en aplicarse a desactivar una coyuntura que ponía en peligro, por primera vez desde que ETA movía el árbol, su hegemonía no sólo política, sino también social.

Un año después del crimen de Miguel Angel, que había movilizado a la población española -y a la vasca- como nunca antes en su historia, Ermua era un páramo, en el que, al decir de algún dirigente nacionalista, sólo habitaban las ratas.

Volvió el silencio, un silencio atronador. Y el estrépito de las pistolas. Durante tres lustros más, los condenados a muerte se limitaron a aguardar, ordenadamente y sin protestar, el turno de su asesinato. El resto es historia reciente.

El día que ETA mató a Miguel Angel Blanco, mientras millones de españoles, angustiados, se manifestaban en las calles o seguían la terrible cuenta atrás por la radio y la televisión, Arnaldo Otegi estaba en la playa con su mujer y sus hijos, “como un día normal”, según confesó a Jordi Evole en una entrevista.

Han pasado dos décadas movidas y hay nuevos actores en la escena política española. Para algunos, Otegi, el hombre que esperó tranquilamente sobre la arena a que ETA ejecutara al concejal de Ermua, es ahora un hombre de paz al que invitan al Parlamento Europeo, mientras le niegan el merecido homenaje a un muchacho valiente que se jugó la vida -y la perdió- en defensa de nuestra libertad y nuestra democracia.

Veinte años después, la muerte pavorosa de Miguel Angel, como en el tango, vuelve del pasado para enfrentarse con nuestras vidas. Y Carmena habría preferido estar en la playa.

        * Emitido el 17 de julio de 2017 en Herrera en COPE Granada

sábado, 8 de julio de 2017

Solo en casa


Leo en el periódico que la primera dama polaca dejó a Trump con un palmo de narices y que los antisistema que se manifestaban en Hamburgo contra el G-20 impidieron a Melania salir de su residencia.

Que el gobierno pretende poner freno al desafío catalán echando mano de la Ley de Seguridad Nacional en vez del manoseado artículo 155.

En las páginas de sociedad, que es el nombre solemne del cotilleo de toda la vida, dicen que Corinna, la amiga entrañable de don Juan Carlos, dejó de ser princesa hace doce años, cuando se divorció de su marido, aunque aún lo siga siendo en el corazón del rey emérito.

Cristiano presume de cuerpo -qué novedad- en una playa privadísima junto a un amigo cachas y exhibicionista como él. En los comentarios digitales, hay mucho maledicente que cuenta con los dedos de una mano los años que faltan para que termine su carrera y salga del armario.

En la tele -¡en qué tele va a ser!- Pablo Iglesias habla de Colau y Puigdemont, de la comisión de investigación sobre las cloacas del Estado, de la cercanía del nuevo PSOE al proyecto de Podemos. Está en Cádiz, delante del Falla, y la pantalla lo muestra con un bic entre las manos, el mismo al que no dejó de dar vueltas en el debate televisivo de las generales. Este hombre es una pose con patas, no se relaja ni en un campamento de verano. Se agarra al bolígrafo y habla, habla, habla.

Los tertulianos de la radio se enfrascan en una discusión altilocuente sobre Montoro y la bajada de impuestos (y de pantalones, según uno de ellos, el que más grita). A los cinco minutos, ya están liados, a grito limpio también, con la gestación subrogada, Girauta y Elvira Lindo. He estado una semana fuera de España y esta polémica se me ha escapado. Además, me importa un carajo. Como me importan un carajo Trump, Corinna, Cristiano y el jartible de la coleta.  

Porque hoy sólo tengo en la cabeza -no logro quitármelo de encima- al pequeño Joaquín, ese niño extremeño, de seis añitos, al que la furia desatada de una tormenta funesta le ha arrebatado a sus padres y sus dos hermanas, y lo ha dejado solo en el mundo. Hoy no estoy para políticos agrandados, opinadores fatuos ni narcisistas del balón. No me vengáis con altercados tuiteros ni debates de medio pelo. Esta noche sólo puedo pensar en la tragedia íntima de ese chiquillo que el jueves, cuando salió con su familia a disfrutar de la naturaleza, desconocía que Dios también estaba de vacaciones.

    * Publicado en GD Granada Digital ("Opiniones contundentes")

lunes, 3 de julio de 2017

Ha nacido una estrella


Tenemos chica nueva en la oficina, se llama Liseth Rosa y es divina… altruista, rompedora, superprogre. Veinticuatro añitos, pero con las ideas clarérrimas y ya pisando fuerte. Hasta Pablo Iglesias -ese referente- la ha felicitado por su valentía y su descaro. Lástima que fueran ligeramente impostados. Pero, qué más da: en la era de la posverdad y el pensamiento líquido lo importante es el eslogan, la sobreactuación, el postureo.

Porque sí, la muchacha se enfrentó al decano de los abogados granadinos, negándose a prometer guardar lealtad al rey, como establecía la fórmula protocolaria -escena que fue convenientemente grabada por el móvil de un amiguete y posteriormente distribuida por las redes de manera profusa- pero sabía que se tiraba con paracaídas y que su actitud, subversiva sólo en apariencia, no le reportaba perjuicio alguno, puesto que el acto solemne de la jura de nuevos colegiados es meramente formal y no tiene eficacia constitutiva.

El ingreso en la profesión se produce unas semanas antes, en las oficinas del Colegio de Abogados, de manera menos pomposa y por escrito, y allí, según ella misma reconoció a la periodista de IDEAL Yenalia Huertas, la niña Liseth se tragó su rebeldía insumisa y su talante cimarrón y acabó prometiendo lealtad a la Constitución, al rey, a Letizia y hasta al abuelo taxista, no fuera a ser que, por saltarse una coma, no llegase a adquirir la condición de abogada en ejercicio. Y reservó para el acto público de la jura de nuevos colegiados, perfectamente inocuo, la ya cansina por repetida performance podemita, con su poquito de sal obrerista y su pimienta antimonárquica. Así que menos lobos, caperucita: esos cojones, en Despeñaperros.

La joven aunque suficientemente comprometida Liseth puso a la venta una mercancía defectuosa, sabedora de que corren tiempos propicios para el radicalismo de salón -de salón de actos, en este caso- y que encontraría clientela de sobra dispuesta a comprarle la moto, sin importarle lo más mínimo que estuviera gripada.

Como ella preveía, el progrerío mediático y las redes sociales en las que la izquierda ultra reina soberana -bonita paradoja- la han elevado a los altares del folklorismo rebelde, convirtiéndola, a golpe de tuit y de titular inflamado, en la Rosa Parks del republicanismo togado.

Quédense con su cara, porque ha nacido una estrella y, de aquí a unos años, cuando ya haya acabado con los desahucios, es probable que vean su firma en los recibos del IBI.  

*Publicado en Granada Digital el 1 de julio de 2017 (“Opiniones contundentes”)

lunes, 26 de junio de 2017

Por monja


En aquel tiempo dijo Jesús a los apóstoles: "Por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre”. Así habló, no Zaratustra, sino el evangelista Mateo, que pudo comprobarlo en carne propia cuando un sicario del monarca etíope Hitarco lo apuñaló por la espalda mientras celebraba una misa dominical. Por cierto, que el tal Hitarco intentó quemar después la capilla de las vírgenes, lo que demuestra que el podemismo cristofóbico bebe de fuentes históricas. Envenenadas por el odio y el resentimiento, pero históricas.
  
A sor Rosario, una monja de la Congregación de las Esclavas de la Inmaculada Niña, no le han clavado un puñal en la espalda, pero le han partido -literalmente- la cara por su condición de religiosa. De religiosa católica, para ser exactos.

Los hechos ocurrieron en un barrio periférico de Granada cuando la monja acababa de dejar en el colegio a un grupo de niños con los que trabaja su congregación. El agresor, un individuo joven, después de golpearla inopinadamente y destrozarle la nariz, huyó como lo que es: una rata infecta, si me lo permiten los animalistas.

Ignoro si el alcalde Cuenca, tan solícito con los musulmanes del Triunfo, se ha puesto ya en contacto con la atribulada hermana Rosario para mostrarle su solidaridad y la de su equipo de gobierno. Su cuenta de twitter, extraordinariamente activa, de momento, calla.

A la concejal de derechos sociales y educación, el día de la agresión le pilló preparando el del Orgullo, y nos anunciaba en la red que tenía previsto “escuchar a Carla, bailar con Tina y recordar a Pedro”, pero nada decía de llamar a Rosario, una mujer que lleva toda la vida entregada calladamente a la formación de los que menos tienen.

Por supuesto, el subvencionadísimo lobby feminista tampoco ha dicho esta boca es mía. Siempre he sido algo ingenuo, pero hace tiempo que entendí que el feminismo no defiende la dignidad de las mujeres, sino únicamente de las mujeres de izquierdas. Y laicas. A una  individua que ingresa voluntariamente en una congregación de esclavas ya le pueden ir dando. Valiente machista. Y votante del PP, fijo. Que la defienda Carlos Herrera. O Bertín Osborne. Y menos quejarse, que el suyo es un colectivo familiarizado con las hostias.

                * Emitido en Herrera en COPE Granada el 26 de junio de 2017

lunes, 19 de junio de 2017

Carocas 2017




              Ya están aquí, un año más, las fiestas del Corpus. Y con ellas, las quintillas y carocas, crónicas ciudadanas de cinco versos sarcásticos, tiernos, bienhumorados o con su punto de malafollá.

            Yo también he querido convertir esta parcela que cultivo en la radio, por un día, en una Bib-Rambla virtual. Felices fiestas a todos, granaínos y visitantes.


“LAS NOCHES DE PRIMAVERA
SABEN A CREMA TOSTADA,
DE LA QUE HACE UNA HELADERA
QUE ESTARÁ VIVA, AUNQUE MUERA,
EN EL ALMA DE GRANADA

EL CHINO, NÁ MÁS LLEGAR,
LE PROMETIÓ A LA AFICIÓN
UN SALTO DE CALIDAD.
Y UN SALTO VAMOS A DAR:
A SEGUNDA DIVISIÓN
TONY ADAMS SE METIÓ
EN UN ESPINOSO ASUNTO:
SIN TENER PREPARACIÓN,
QUISO SER ENTRENADOR
Y NO CONSIGUIÓ NI UN PUNTO
EL CENTRO LORCA ESTÁ ABIERTO
Y NO HAY RASTRO DEL POETA.
A LOS QUE SE ECHAN EL MUERTO,
COMO GRANADINO, ADVIERTO:
FEDERICO SE RESPETA

CON LA EXCUSA DE LUCHAR
POR GRANÁ Y SUS MARAVILLAS,
HAY QUIEN NOS QUIERE ENFRENTAR
A MÁLAGA Y A SEVILLA.
YA SON GANAS DE ENREDAR
A LAS “MANIS” DE CANDEL
NO ACUDEN LOS SOCIALISTAS
Y A LAS PROTESTAS DEL TREN
NO VA NADIE DEL PEPÉ,
¡ESO ES ALTURA DE MIRAS! 

A VECES A SPIRIMAN
SE LE CALIENTA LA BOCA
Y CUANDO EMPIEZA A LARGAR
SUELTA “MIERDA” PA’ LLENAR
DOS SANITARIOS DE ROCA

CASI NO PUEDO EVACUAR
NI SENTARME EN UNA SILLA,
TENGO LA PARTE DE ATRÁS
TAN ROJA Y TAN IRRITÁ
QUE PARECE JUAN PINILLA

MI VECINO WENCESLAO
PLANTABA LA MARIHUANA
EN BOTES DE COLA CAO
Y CUANDO DESAYUNABA
TERMINABA COLO CAO

PASADLO BIEN, GRANAÍNOS,
QUE NO HAGA MUCHO CALOR,
QUE SEA UN CORPUS DIVERTIDO
Y QUE BEBÁIS MUCHO VINO:
YO ME VOY PA’ NUEVA YORK”. 

         * Emitido en Herrera en COPE Granada el 12 de junio de 2017

sábado, 3 de junio de 2017

Sobrediosis



               Leo en la web de una emisora de radio que, desde que acabó la Semana Santa hasta hoy, es decir, en el último mes y medio, se han celebrado en nuestra ciudad unos setenta actos cofrades. El último fin de semana, sin ir más lejos, hasta cinco hermandades salieron a la calle, por uno u otro motivo, para lo cual hubo que movilizar a la policía, realizar cambios en las líneas de autobús, cortar calles… Según parece, el cierre de una vía albaicinera no fue comunicado a la gremial del taxi y muchos de ellos se vieron atrapados en el trazado laberíntico del barrio, con decenas de invitados de una boda, que esa noche se condenaron irremisiblemente al fuego eterno después de proferir atroces blasfemias.

La calle ya no es de Fraga, que en paz descanse, sino de las hermandades, cofradías y archicofradías, pontificias o no, reales o republicanas, muy antiguas o menos. Y de las terrazas de los bares, pero eso es harina de otro costal.

¿No querías caldo? Pues toma tres tazas. ¿Quién dijo que todo el año era carnaval? No, de un tiempo a esta parte, lo que es todo el año es Semana Santa. Cuando no hay un besamanos, hay un quinario, y cuando no, un traslado -me río yo del de Trauma al PTS- o una coronación.

Y luego está el tío que controla con precisión de relojero suizo cuándo se cumplen los veinticinco, cincuenta o cien años de cualquier tipo de efeméride que justifique poner un paso en la calle, con su correspondiente presentación de cartel, pregón-concierto y rosario de la aurora.

Siempre hay una excusa para rescatar la morcilla y la sudadera, calzarse las segarra y echarse a Cristo y/o su Santa Madre a hombros para pasearlos por las calles, con gran aparato de percusión y trompetas.

Me cuenta Paco Robles, el autor del bestseller Tontos de capirote, que en Sevilla, la Roma del mundo cofrade, el espejo en el que se mira el resto del semanasanteo, la cosa está muchísimo peor. Que es un auténtico desmadre. Entre hermandades de gloria, procesiones de impedidos y cofradías piratas -los uber del costal-, raro es el día del año que no se monta un Cristo… en sus andas.

Por supuesto, la religión es lo de menos. Algo accesorio, secundario. Se trata de echarse a pelear, a ver quién la tiene más larga, a ver quién sale a la calle más veces, a ver quién machaca más las meninges del sufrido viandante con setecientas mil nuevas marchas de tambores y cornetas. La Semana Santa exportada al resto del año, transformada simultáneamente en producto de consumo y espectáculo narcisista, de autocelebración de las hermandades, a mayor gloria de diputados de gobierno, mayordomos, fiscales y consiliarios.     

Como me dijo una vez otro amigo sevillano, se ha vuelto todo tan fatuo que el plumerío de los romanos se ve, muchas veces, más que el Cristo.

Alguien debería embridar este caballo desbocado y plantearse volver a lo que Antonio Burgos llamó “los días iluminados del gozo y la intimidad”.     

Las cofradías albergan un patrimonio artístico, un tesoro cultural, pero todo eso no se entiende sin el pellizco de la fe. El día que dejen de mirarse el ombligo quizá caigan en la cuenta de que, mientras desfilan y desfilan por las calles de nuestras ciudades, los templos se van quedando vacíos.

martes, 23 de mayo de 2017

25 años sin Falcone


              El 29 de agosto de 1991 la Mafia asesinó a Libero Grassi, un empresario textil de Palermo que se había negado a pagar el pizzo. Los ánimos, por ello, estaban inflamados en el país cuando mi avión aterrizó en Fiumicino una mañana de septiembre.

                Yo era un estudiante universitario que llegaba a Italia con la intención de acabar la carrera y empaparme de una cultura que me fascinaba. Como a tantos extranjeros curiosos, me sedujo inmediatamente el fenómeno de Cosa Nostra, tan cercano y tan lejano a la vez, un producto genuino de la sicilianità, metáfora y patología del poder.
       
                 Todo el mundo, en la calle y en la televisión, hablaba de Giovanni Falcone, el magistrado que, junto a Paolo Borsellino y el resto de magistrados del Pool Antimafia, había conseguido la mayor condena de mafiosos de la historia de Italia.

             La instrucción del maxiproceso, como fue conocida la causa que llevó a la cárcel a más de 400 hombres de honor, la terminaron Falcone y Borsellino aislados con sus familias durante meses en una cárcel de máxima seguridad de la isla de Cerdeña. Se sabían condenados a muerte, pero eso no les hizo claudicar ni debilitó lo más mínimo su estricto sentido del deber. “La vida es misión y el deber es su ley suprema”, compartían con Giuseppe Mazzini, el ideólogo de un Risorgimento que apenas había penetrado en aquella Sicilia de estructura feudal. La suya no era una misión divina, sino un empeño cívico y democrático de envergadura: la recuperación de la confianza en las instituciones en un territorio donde el Estado estaba trágicamente ausente.

           Contaban con algunos aliados y, enfrente, con un sinfín de enemigos. Disponían de inteligencia, determinación, algunos funcionarios públicos decentes y un testigo de excepción, Tomasso Busceta, el gran arrepentido de la Mafia, que pidió hablar con Falcone y contó, por primera vez, cómo se estructuraba Cosa Nostra. Los enemigos eran muchos más: las familias mafiosas, el coro de calumniadores en la prensa y en las propias oficinas judiciales de Palermo, los políticos que se aprestaron a desactivar el Pool Antimafia…
              
              A pesar de las infinitas zancadillas, la Corte de Casación confirmó el 30 de Enero de 1992 la mayoría de las sentencias emitidas años atrás en el maxiproceso de Palermo. Era la peor humillación sufrida por la Mafia y los magistrados palermitanos se habían convertido en enemigos públicos de la organización.

             Cosa Nostra, habitualmente paciente, esta vez tenía prisa. Para matar a Falcone no dudó en levantar, con un potente explosivo, quinientos metros de la autopista que va desde el aeropuerto de Punta Raisi a Palermo. Era el 23 de Mayo de 1992. Su amigo Paolo trabajó, desde entonces, como un poseso, día y noche. Alguien se preocupó por su salud. “Es lo que tengo que hacer, tengo poco tiempo”. 57 días, exactamente. El 19 de Julio un coche bomba aparcado cerca del portal de su madre reventó al magistrado y a sus escoltas. Desapareció también de la escena del crimen una agenda roja, de la que nunca se desprendía, y en la que, al parecer, tenía anotados datos significativos de las relaciones mafia-política.

             Falcone lo dejó dicho en el libro que escribió a cuatro manos con la periodista Marcelle Padovani: “En Sicilia se muere porque se está solo o porque se ha entrado en un juego demasiado grande. La mafia golpea a los servidores del Estado que el Estado no protege”.

            Tras los asesinatos de Falcone y Borsellino, la Sicilia honesta acuñó un lema que, hoy, 25 años después, sigue martilleando las conciencias de sus asesinos: “No los habéis matado, sus ideas caminarán con nuestras piernas”.    

                      * Publicado el 24 de mayo de 2017 en el diario ABC

lunes, 22 de mayo de 2017

Ahora les toca a ellos


             El 16 de octubre de 2016 marcó un antes y un después en la relación de los granadinos con sus obligaciones como ciudadanos. Ese día, 50.000 personas se echaron a la calle para gritar alto y claro que Granada necesita dos hospitales completos, con todas sus especialidades, y que la fusión hospitalaria ejecutada por la Junta de Andalucía suponía un recorte sin precedentes de la sanidad pública, que afectaba a la calidad y la seguridad asistenciales. 

             La ciudad fue un clamor aquella mañana calurosa de octubre, en la que los granadinos hicimos, como en la canción de Mecano, “por una vez, algo a la vez”.

         Desde entonces, una ciudadanía tradicionalmente acomodaticia, tomó conciencia de su fuerza y empezó a enseñar los dientes y pelear por lo suyo. Nunca hubo tantas manifestaciones, ni con tanto seguimiento, en una ciudad, la nuestra, abandonada hasta hace poco a la apatía y la desidia.

               La de ayer no ha sido una de las más multitudinarias, pero es verdad que la razón de la convocatoria no era especialmente “popular”. A pesar de ello, más de 9.000 personas recorrieron las vías del centro exigiendo respeto a la capitalidad judicial de Granada y reclamando que no salgan de aquí las dos secciones penales que se añadirán próximamente a las ya existentes en el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía. Hay un hartazgo notable y la ciudadanía ha decidido, saludablemente, no callarse ni una más.
   
           Granada tiene muchos frentes abiertos: el Metro, el AVE, los hospitales, el Centro Lorca, el TSJA... Parece que los granadinos de a pie, por fin, nos hemos desperezado, pero nuestros políticos tienen que comprender que no podemos estar todo el día en las calles supliendo su falta de competencia en el desarrollo de las funciones que les hemos delegado con nuestros votos. 
  
            La gente está cansada de sus procesos internos, de sus peleas por el sillón, de su ombliguismo. De que unos no vayan a las convocatorias del tren y los otros no acudan a las de los hospitales. De que nos digan una cosa aquí y en el parlamento voten la contraria. De que se pavoneen en los medios y nos chuleen con ese descaro.

            La ciudad, por fin, ha despertado. Ahora les toca a ellos... y deberían ser conscientes de que ya no les vamos a pasar ni media.

                * Emitido en Herrera en COPE Granada ("El lanzador de cuchillos")     

martes, 16 de mayo de 2017

Te van a matar

                                                                                                     A Javier Valdez, in memoriam                                                                                             
              A Javier Valdez lo han bajado los narcos. Su sombrero manchado de sangre es ya un símbolo de la lucha por la libertad de expresión y contra la barbarie.

                 Era un cronista lúcido y valiente, como Sergio González Rodríguez, cuyo corazón les ahorró el trabajo a los sicarios.

            La obra de ambos contiene un reguero de pistas para llegar a comprender el fenómeno de la violencia en México. Pero la mafia los quería callados, como nos quiere a todos callados. Por eso hay que seguir leyéndoles, escuchándoles, escribiendo. No los podemos dejar solos. Ni muertos. Muertos aún menos. Esta no es una guerra lejana, tiene que ser también la nuestra.

            Iba a garabatear unas palabras, a modo de pequeño homenaje de un lector que lo estimaba como escritor y lo admiraba como ciudadano. Pero lo que quería decir ya lo había dicho él hace unos días en una de sus columnas afiladas. “Te van a matar”, se titulaba. Pocas veces el periodista tiene la oportunidad de teclear la crónica de su propio asesinato.
    
         “Se lo decían los amigos, los familiares, los compañeros del gremio. Cabrón, cuídate. Estos güeyes no tienen madre. Son unos malditos. Pero él seguía escribiendo críticas y denuncias en su columna, en uno de los diarios de la localidad: apedreando con sus teclas, sus palabras, el ejercicio del poder político, la corrupción, la complicidad entre criminales y servidores públicos, la policía al servicio de la mafia.

           Tenía varios años como reportero y suficiente experiencia para hacer trabajos de investigación. En la región sobraban los temas, pero todos los senderos, escoltados de plantas con espinas, conducían a la pólvora incendiada o en espera del gatillo, las miradas densas y vidriosas de los jefes, los callejones que pueden sacar de apuros y que no tienen salida, las calles que solo conducen a un humo caliente, que se levanta y baila con el viento, después del pum pum.

            Pero él tenía en el pericardio un chaleco antibalas. La luna en su mirada parecía un farol que aluzaba incluso de día. La pluma y la libreta eran rutas de escape, terapia, crucifixión y exorcismo. Escribía y escribía en la hoja en blanco y en la pantalla y salía espuma de sus dedos, de su boca, salpicándolo todo. Llanto y rabia y dolor y tristeza y coraje y consternación y furia en esos textos en los que hablaba del gobernador pisando mierda, del alcalde de billetes rebosando, del diputado que sonreía y parecía una caja registradora recibiendo y recibiendo fajos y haciendo tin en cada ingreso millonario.

            Los negocios en la agenda de los mandatarios eran su tema preferido. Cómo sacaban provecho de todo y la gente jodida en las calles, donde la indigencia crecía como la basura y se adueñaba de banquetas y esquinas, los prostíbulos estaban sobrepoblados y en los hospitales sobraban enfermos pero no había camas ni médicos. Eso sí, las cárceles hacinadas y el imperio del humo, de la nube negra tapando el cielo estrellado, colmaba las cabezas de los habitantes de la región: enfermaba, pero no hasta la indignación. Y en eso él, de plano, no cejaba ni cedía. Ni madres, repetía. Y se ponía a escribir.

          Una denuncia había puesto en el ojo del huracán a uno de los legisladores. Él se unió a quienes criticaron su poderío y sus lazos con las cumbres del poder político, económico y criminal. Fueron pocos los detractores y casi ninguna pluma, pero no se quedó callado. En el feis publicó una de esas fierezas, de palabras valientes, y le dijeron güey, bájale. Estos cabrones te traen ganas. Te van a matar. Él contestó Ba. No me hacen nada. Me la van a pelar.

           Pasaron tres horas después de esa publicación en redes sociales cuando lo alcanzaron y le dispararon, de cerca para no fallar”.

domingo, 14 de mayo de 2017

Puigdemonitos


              El traslado de parte del TSJA, el último reducto del orgullo local, a Málaga y Sevilla, tiene soliviantada a la opinión pública granadina, que está hasta la corona de Isabel la Católica de aguantar desplantes, retrasos y ninguneos por parte de todas las administraciones.

            Parece que los granadinos, tradicionalmente lloricas de bar, hemos, por fin, despertado y estamos dispuestos a pelear con fuerza por lo que queremos. Nunca es tarde para abandonar la queja y atender la seria admonición de Carlos Cano: “Si en vez de ser pajarito, fuéramos tigre bengala, a ver quién sería el guapito de meternos en una jaula”.

               Hasta ahí la buena noticia. La mala es que hay quien, por intentar pescar en río revuelto o en un ejercicio de manifiesta irresponsabilidad, está llevando a cabo, en los medios y en las redes, una intensa campaña de agitación y propaganda contra ciudades hermanas como Málaga y Sevilla.

           Excitando con argumentos demagógicos los bajos instintos de una población hastiada, han conseguido que, de repente, Granada se llene de puigdemonitos, que suspiran por la independencia zirí y repiten como autómatas que los demás nos roban.
  
          No deberíamos dejar las justas reivindicaciones de una provincia abandonada -fundamentalmente por sus propios políticos- en manos de los más hooligans ni de los más desahogados. El precio de la lucha por la dignidad de esta tierra no puede ser la reapertura de viejas querellas -que creíamos resueltas- contra ciudades vecinas.

       Defendamos lo nuestro sin entrar en guerras absurdas, de las que probablemente saldríamos escaldados. Alguien debería recordar a los ultrasur de la república independiente de su casa que el otro día hubo cuatro senadores (tres del PP y uno del PSOE) que votaron a favor de que Barcelona sea sede de la Agencia Europea del Medicamento, lo que no tendría nada de malo de no ser porque los cuatro son granadinos y los cuatro se habían comprometido a defender los intereses de la provincia, que aspiraba, legítima e ingenuamente, a albergar la sede de dicha agencia.

            Tampoco es sevillano el alcalde Cuenca, que, para no molestar a Susana, prefirió quedarse en casa las cuatro veces que los granadinos se echaron a la calle por sus hospitales. En Villatripas de Abajo lo habrían tirado al pilón, pero ahí sigue, sacando pecho y haciéndose fotos con rockeros, a los que primero engatusa y luego les cierra los bares.

          Más sorprendente es lo del líder de la Plataforma Juntos por Granada, que asegura en las redes que “ha llegado la hora de revisar el contrato social que une a Granada con Andalucía”, desde su puesto de Letrado del Gabinete Jurídico de la Consejería de Presidencia de la Junta. Y de vocal de la Mesa de Contratación de ese Patronato de la Alhambra que también aspiró a dirigir, sin importarle entonces que fuese el instrumento del que se sirve la administración autonómica para esquilmar los recursos locales. ¡Pu-ta Sevillá, puta Malagá!

                   * Publicado en GD Granada Digital ("Opiniones contundentes")

sábado, 29 de abril de 2017

Memorial de agravios


            En Granada, si algo puede salir mal, saldrá mal; si algo se puede retrasar, se retrasará; si algo puede perderse, se irá al carajo. Aquí la tostada siempre cae por el lado de la mantequilla. Murphy debió de formular su famosa ley sentado en un banco de la estación de Andaluces, mientras esperaba la llegada del tren.

            Es verdad que la ley de Murphy tiene su principal explicación en la memoria selectiva y en la natural tendencia del hombre a la negatividad -inclinación que en Granada alcanza niveles paroxísticos-, las cuales nos hacen fijar la atención en las iniciativas que se malogran y olvidarnos de las que salieron bien, pero no es menos cierto que la estadística granadina de proyectos frustrados y oportunidades perdidas empieza a ser apabullante.

             El Centro Lorca, vacío; el Atrio de la Alhambra, descartado; los hospitales, divididos. El Metro se retrasa, los trenes no llegan, la SGAE se va con la música a otra parte…

              El traslado de parte del TSJA, el último reducto del orgullo local, a Málaga y Sevilla, ha soliviantado a la opinión pública granadina, que lo considera un episodio más -pero especialmente simbólico- de la interminable serie de quebrantos que viene padeciendo la sufrida tierra de Boabdil en las últimas décadas.

            Y hay quien, aprovechando el cabreo colectivo, ha desempolvado el viejo memorial de agravios y al grito de “Andalucía nos roba”, levanta de nuevo la bandera del Reino de Granada, animando a sus conciudadanos a que se unan a la causa del independentismo.

            Solución errónea y oportunista para un diagnóstico equivocado. Porque el declive granadino hunde sus raíces en una desidia de siglos de sus élites económicas y políticas.

            La peor burguesía de España, como la definió Lorca, y los políticos más ineptos y desvergonzados han convertido a Granada en una sombra de sí misma. No cedamos a la tentación de creer, como hacen los nacionalismos que criticamos, que nuestros males provienen de un agente externo. No cometamos el pecado imperdonable de buscar un enemigo exterior que tape nuestras miserias. 

            Ni Málaga ni Sevilla tienen la culpa de que Granada pierda -literalmente- todos los trenes y llegue tarde a todas las citas. Nadie, salvo nosotros mismos, es responsable de que hayamos pasado en cinco siglos del centro del universo al culo del mundo.

              “Volveremos”, enfatizan los dirigentes y aficionados del Granada CF -descendido también a segunda división- en las redes sociales, en un ejercicio de ingenuo voluntarismo. Sí, volveremos, pero, por lo pronto, de esto también nos hemos ido. Y es que Granada es, desde hace ya demasiado tiempo, un irse de casi todo.  
               * Publicado en GD Granada Digital ("Opiniones contundentes") 

sábado, 22 de abril de 2017

Vuelvo a Granada


            Se conmemora estos días el 25 aniversario de la puesta en marcha del primer AVE entre Madrid y Sevilla, razón por la cual el presidente Rajoy, acompañado de su ministro de Fomento, ha realizado el mismo recorrido que en abril del 92 hicieron los primeros conversos a la fe de la Alta Velocidad.
            
           A su llegada a la Estación de Santa Justa, Rajoy ha asegurado que “con una de las redes de alta velocidad más extensas del mundo, ya no podemos hablar de España invertebrada: los españoles somos más vecinos los unos de los otros”.
            
             Escuchando las palabras del presidente, me he sentido un ciudadano extranjero: en concreto, súbdito de la taifa independiente de Granada. Porque no sé si ustedes, queridos lectores de allende la colina roja, saben que Granada, sí, Granada, la ciudad que posee el monumento más visitado de España, lleva 700 días y 700 noches aislada por ferrocarril. Ni ave, ni talgo ni un triste tren de la bruja. Nada. Uno piensa en las infraestructuras de la provincia y le invade la melancolía de la que no podía huir Sabina porque el tranvía siempre se le escapaba. ¡Qué fortuna la suya, en Granada no habría encontrado ni la estación!

            Dan ganas de pedirle al yerno de Villar Mir, el compi yogui de la reina Letizia, que arrime un poco de viruta al político que corresponda, a ver si por el método alternativo de la comisión fraudulenta conseguimos alcanzar, al menos, el estatus ferroviario de Móstoles y Navalcarnero.

         Vale, no tenemos tren pero, según cuentan los periódicos locales, contamos con dos plataformas reivindicativas: la Mesa del Tren y la Mesa del Ferrocarril, que vienen a ser como el Frente Popular de Judea y el Frente Judaico Popular. Para completar el cuadro, sólo nos falta crear el club de fans de Locomotoro.
           
             Alfredo Durán, el conductor del primer viaje Madrid-Sevilla, dijo el otro día en la radio que “la distancia entre las ciudades ya no se mide en kilómetros, sino en horas de AVE”. Eso debe ser en España, no en el Reino Zirí de Granada. No obstante, he hecho el cálculo y la distancia entre Granada y Sevilla es de 219.150 horas de AVE, equivalentes a los 25 años que llevamos de retraso en materia ferroviaria respecto a la capital de Andalucía.
            
          Pero no esperen que una mi voz al coro clásico del agravio comparativo, porque Sevilla no tiene la culpa de nuestro déficit de infraestructuras, como tampoco Málaga es reo del delito de mojarnos desde hace tiempo la oreja en el ámbito cultural.

            Parafraseando al Aznar del 11M, los culpables de los (no) trenes de la ciudad no hay que buscarlos en montañas lejanas ni en desiertos remotos, sino “al pie de Sierra Nevada, al pie del viejo Albaicín”, donde se sienta Granada, entre desidia sin fin.
            
       Leo en las crónicas de la época que durante el primer trayecto del tren de alta velocidad sonó el Concierto de Aranjuez. 25 años después, los granaínos nos conformamos con ver entrar por La Chana al maquinista de La General -que ahora es BMN y también nos la hemos dejado arrebatar- al mando de una vieja locomotora de carbón, tarareando zumbón Vuelvo a Granada.

           *Emitido en Herrera en COPE Granada ("El lanzador de cuchillos")
               

miércoles, 12 de abril de 2017

Yo he firmado


            El 9 de octubre del año 2000, sobre las dos de la tarde, cuando entraba con un amigo en una taberna de Plaza Nueva para tomar una cerveza, vi pasar el coche oficial de Luis Portero, que a esa hora terminaba su jornada en la Fiscalía y volvía a su domicilio.
           
            Media hora más tarde, se me paró el corazón cuando, en la televisión del bar, dieron la noticia de que el Fiscal Jefe del TSJA había sido asesinado en el portal de su casa de un tiro en la nuca.  Los etarras que lo mataron habían estudiado sus rutinas y lo esperaban escondidos en el hueco del ascensor.
            
            Unos años más tarde, sentados en una terraza junto al Genil, Pedro Mari Baglietto me contó la terrible historia de su hermano Ramón, al que un comando etarra acribilló a balazos cuando conducía de Elgóibar, donde tenía una tienda de muebles, a Azcoitia, donde residía. Uno de los asesinos se bajó del coche desde el que lo ametrallaron, para rematarlo. Lo espantoso del asunto es que se trataba de Cándido Aspiazu, a quien, siendo un niño, Ramón Baglietto había salvado de morir atropellado por un camión, en un accidente en el que murieron la madre y un hermano del terrorista.
          
          Aspiazu fue condenado a cuarenta y nueve años de prisión, de los que sólo cumplió diez, y cuando salió de la cárcel, para mayor escarnio de sus víctimas, montó una cristalería en los bajos del edificio donde vivían la viuda y los hijos de Ramón.
           
           Recuerdo perfectamente el día que Pilar, la madre coraje de los Pagaza, nos contó en el salón de casa de su hija Maite, cómo mandó al mismísimo infierno al obispo Setién una mañana que se lo cruzó por San Sebastián y la carta que escribió en el ABC, dirigida a Patxi López -hoy tercera vía de un PSOE cada vez más desnortado- en la que, con determinación y enorme lucidez hizo el diagnóstico de lo que estaba por venir: la aceptación del relato político de los asesinos y la manipulación de la historia.
           
           Por eso, cuando Maite Pagaza me envió al whatsapp el Manifiesto por un modelo de fin de ETA sin impunidad, que promueve junto a Fernando Savater, Consuelo Ordóñez y otros nombres históricos de la lucha contra ETA, lo firmé de inmediato y lo compartí con mis amigos y en las redes sociales en las que tengo cuenta. Porque, en estos tiempos de confusión moral, tenemos que lograr que el final del terror sea una historia de vencedores y vencidos, en la que los vencedores sean los buenos y los vencidos, los malos. A las personas de bien no hay que explicarles quiénes son los unos y quiénes los otros.

              * Publicado en GD Granada Digital ("Opiniones contundentes")

domingo, 2 de abril de 2017

¡Qué bello es bajar!


          Si usted, aficionado del Granada CF, no es lector de periódicos ni oyente habitual de radio deportiva, probablemente no se haya enterado de que lo mejor que le puede pasar al club de sus amores es bajar a segunda división.

            Sí, es verdad que el mensaje que la nueva dirigencia envió a la hinchada el día de su presentación fue el de dar un salto de calidad al equipo y evitar los apuros de las últimas temporadas, pero es que usted, estimado seguidor, quemó su juventud fumándose las hierbas que crecían en el cemento del viejo Los Cármenes y le cuesta captar las sutilezas del lenguaje empresarial.
  
          Tendrá que reconocerme, en cualquier caso, que la segunda promesa se ha cumplido de manera escrupulosa: este año le han ahorrado sufrimientos innecesarios, al instalar al equipo cómodamente en los puestos de descenso desde la primera jornada.

           Se ha hecho un esfuerzo, que como aficionado cabal sin duda sabrá agradecer, para que el equipo esté descendido cuanto antes y así evitar, en estos tiempos de incertidumbre sanitaria, que le dé a usted un ataque de ansiedad en la jornada 38 y la ambulancia no sepa si llevarlo al Clínico o al PTS.

          Por otro lado, es encomiable la labor pedagógica que están desarrollando en los medios los nuevos gestores para hacerle comprender, distinguido socio, que la Primera no es ni mucho menos la panacea. Ya lo advirtió Sergi Vieta en la presentación del proyecto: “Estamos muy limitados para invertir en la plantilla”.

            Con un pequeño esfuerzo intelectual entenderá que, para un club con las aspiraciones estratosféricas del Granada, militar en la “liga de las estrellas” supone un freno, un obstáculo que dificulta la realización efectiva del prometido salto de calidad. Como ha dicho el nuevo responsable deportivo, “a veces hay que retroceder para despejar el lío”. “El Granada”, ha añadido, “aspira a subir a la cima” y, para subir, primero hay que estar abajo.

        Libre de las ataduras económicas de la Liga Santander -que lastran la planificación deportiva- la aeronave rojiblanca despegará definitivamente y alcanzará mucho antes una confortable velocidad de crucero. Esa es la pura verdad y cuanto antes se le meta a usted en la cabeza, será mejor para todos.

       ¡No querrá que el club se mire en el espejo del Eibar, ese proyecto pueblerino que coquetea irresponsablemente con los puestos europeos!

              No, querido amigo, Europa puede esperar. Lizhang, enrolando en la tripulación a Tony Adams, ha apostado por el Grexit. Y, una vez consumado el descenso liberador, planea el asalto definitivo a la cumbre, para el que esconde un as en la manga: se llama Morticia.          

              * Emitido en Herrera en COPE Granada ("El lanzador de cuchillos")

domingo, 26 de marzo de 2017

El hater


            Tengo un hater. No, mamá, no es un ratón de los que dan vueltas sin parar, frenéticamente, dentro de una rueda. Los que tú dices son los hamsters, esos simpáticos roedores que, al parecer, en español se llaman cricetinos.
            
            El mío es un hater o, lo que es lo mismo, un odiador cibernético, un tocapelotas tres punto cero. Uno de esos individuos que se esconden tras un nick en la plataforma del pajarito, el sótano de Zimbardo en el que todo miserable encuentra refugio y la buena gente se vuelve mala por contagio.
         
          Si el paraíso de los perros está lleno de pelotas de tenis, el cielo del columnista es un hashtag venenoso petado de comentarios ofensivos escupidos por miles de individuos con mala baba y mucho tiempo libre. Esa es la señal inequívoca de un éxito incontestable.
            
           La valía de un articulista la definen la cantidad y la categoría de sus enemigos pero, para mi desgracia, sólo tengo uno y de medio pelo. 
           
          Nada me gustaría más que poder exhibir con orgullo a mis detractores, como hacía Camba con los suyos. Lucirlos ante el director del periódico como un signo de distinción y de prestigio.
           
             Pero mi único enemigo es, para más inri, huérfano de talento y apagado de brillos. Y, sin embargo, es mi lector más fiel, el que me sigue con más interés. No pierde oportunidad de reconvenirme y raro es el día que no me afea la conducta por algo que he escrito o dejado de escribir.
            
            A menudo, sus reproches ceden a la tentación de la vulgaridad o se deslizan hacia el sumidero de la insinuación maledicente, pero cuando me siento a escribir, en mi cabeza está siempre presente, como si pasara lista en la vieja escuela nacional-católica.
            
           No se me escapa que mi antagonista tuitero es un ejemplar único, una tortuga boba a la que, por mi bien, debo cuidar y proteger. No me gustaría que se molestase por no haberlo irritado lo suficiente y acabara yendo a desovar a otra playa menos templada. Debo admitir que confío secretamente en que se reproduzca por estos lares y nuevas criaturas contribuyan con sus invectivas a prestigiar mi columna.  
          
         Además, yo no soy de los que se disgusta por una mala crítica: me ufano de saber encajarlas con elegancia. Y si llegara a tocarme mucho los cojones, siempre queda la posibilidad de contratar un par de sicarios que reduzcan al hater al tamaño de un cricetino. 

             * Publicado en GD Granada Digital ("Opiniones contundentes")