sábado, 29 de abril de 2017

Memorial de agravios


            En Granada, si algo puede salir mal, saldrá mal; si algo se puede retrasar, se retrasará; si algo puede perderse, se irá al carajo. Aquí la tostada siempre cae por el lado de la mantequilla. Murphy debió de formular su famosa ley sentado en un banco de la estación de Andaluces, mientras esperaba la llegada del tren.

            Es verdad que la ley de Murphy tiene su principal explicación en la memoria selectiva y en la natural tendencia del hombre a la negatividad -inclinación que en Granada alcanza niveles paroxísticos-, las cuales nos hacen fijar la atención en las iniciativas que se malogran y olvidarnos de las que salieron bien, pero no es menos cierto que la estadística granadina de proyectos frustrados y oportunidades perdidas empieza a ser apabullante.

             El Centro Lorca, vacío; el Atrio de la Alhambra, descartado; los hospitales, divididos. El Metro se retrasa, los trenes no llegan, la SGAE se va con la música a otra parte…

              El traslado de parte del TSJA, el último reducto del orgullo local, a Málaga y Sevilla, ha soliviantado a la opinión pública granadina, que lo considera un episodio más -pero especialmente simbólico- de la interminable serie de quebrantos que viene padeciendo la sufrida tierra de Boabdil en las últimas décadas.

            Y hay quien, aprovechando el cabreo colectivo, ha desempolvado el viejo memorial de agravios y al grito de “Andalucía nos roba”, levanta de nuevo la bandera del Reino de Granada, animando a sus conciudadanos a que se unan a la causa del independentismo.

            Solución errónea y oportunista para un diagnóstico equivocado. Porque el declive granadino hunde sus raíces en una desidia de siglos de sus élites económicas y políticas.

            La peor burguesía de España, como la definió Lorca, y los políticos más ineptos y desvergonzados han convertido a Granada en una sombra de sí misma. No cedamos a la tentación de creer, como hacen los nacionalismos que criticamos, que nuestros males provienen de un agente externo. No cometamos el pecado imperdonable de buscar un enemigo exterior que tape nuestras miserias. 

            Ni Málaga ni Sevilla tienen la culpa de que Granada pierda -literalmente- todos los trenes y llegue tarde a todas las citas. Nadie, salvo nosotros mismos, es responsable de que hayamos pasado en cinco siglos del centro del universo al culo del mundo.

              “Volveremos”, enfatizan los dirigentes y aficionados del Granada CF -descendido también a segunda división- en las redes sociales, en un ejercicio de ingenuo voluntarismo. Sí, volveremos, pero, por lo pronto, de esto también nos hemos ido. Y es que Granada es, desde hace ya demasiado tiempo, un irse de casi todo.  
               * Publicado en GD Granada Digital ("Opiniones contundentes") 

sábado, 22 de abril de 2017

Vuelvo a Granada


            Se conmemora estos días el 25 aniversario de la puesta en marcha del primer AVE entre Madrid y Sevilla, razón por la cual el presidente Rajoy, acompañado de su ministro de Fomento, ha realizado el mismo recorrido que en abril del 92 hicieron los primeros conversos a la fe de la Alta Velocidad.
            
           A su llegada a la Estación de Santa Justa, Rajoy ha asegurado que “con una de las redes de alta velocidad más extensas del mundo, ya no podemos hablar de España invertebrada: los españoles somos más vecinos los unos de los otros”.
            
             Escuchando las palabras del presidente, me he sentido un ciudadano extranjero: en concreto, súbdito de la taifa independiente de Granada. Porque no sé si ustedes, queridos lectores de allende la colina roja, saben que Granada, sí, Granada, la ciudad que posee el monumento más visitado de España, lleva 700 días y 700 noches aislada por ferrocarril. Ni ave, ni talgo ni un triste tren de la bruja. Nada. Uno piensa en las infraestructuras de la provincia y le invade la melancolía de la que no podía huir Sabina porque el tranvía siempre se le escapaba. ¡Qué fortuna la suya, en Granada no habría encontrado ni la estación!

            Dan ganas de pedirle al yerno de Villar Mir, el compi yogui de la reina Letizia, que arrime un poco de viruta al político que corresponda, a ver si por el método alternativo de la comisión fraudulenta conseguimos alcanzar, al menos, el estatus ferroviario de Móstoles y Navalcarnero.

         Vale, no tenemos tren pero, según cuentan los periódicos locales, contamos con dos plataformas reivindicativas: la Mesa del Tren y la Mesa del Ferrocarril, que vienen a ser como el Frente Popular de Judea y el Frente Judaico Popular. Para completar el cuadro, sólo nos falta crear el club de fans de Locomotoro.
           
             Alfredo Durán, el conductor del primer viaje Madrid-Sevilla, dijo el otro día en la radio que “la distancia entre las ciudades ya no se mide en kilómetros, sino en horas de AVE”. Eso debe ser en España, no en el Reino Zirí de Granada. No obstante, he hecho el cálculo y la distancia entre Granada y Sevilla es de 219.150 horas de AVE, equivalentes a los 25 años que llevamos de retraso en materia ferroviaria respecto a la capital de Andalucía.
            
          Pero no esperen que una mi voz al coro clásico del agravio comparativo, porque Sevilla no tiene la culpa de nuestro déficit de infraestructuras, como tampoco Málaga es reo del delito de mojarnos desde hace tiempo la oreja en el ámbito cultural.

            Parafraseando al Aznar del 11M, los culpables de los (no) trenes de la ciudad no hay que buscarlos en montañas lejanas ni en desiertos remotos, sino “al pie de Sierra Nevada, al pie del viejo Albaicín”, donde se sienta Granada, entre desidia sin fin.
            
       Leo en las crónicas de la época que durante el primer trayecto del tren de alta velocidad sonó el Concierto de Aranjuez. 25 años después, los granaínos nos conformamos con ver entrar por La Chana al maquinista de La General -que ahora es BMN y también nos la hemos dejado arrebatar- al mando de una vieja locomotora de carbón, tarareando zumbón Vuelvo a Granada.

           *Emitido en Herrera en COPE Granada ("El lanzador de cuchillos")
               

miércoles, 12 de abril de 2017

Yo he firmado


            El 9 de octubre del año 2000, sobre las dos de la tarde, cuando entraba con un amigo en una taberna de Plaza Nueva para tomar una cerveza, vi pasar el coche oficial de Luis Portero, que a esa hora terminaba su jornada en la Fiscalía y volvía a su domicilio.
           
            Media hora más tarde, se me paró el corazón cuando, en la televisión del bar, dieron la noticia de que el Fiscal Jefe del TSJA había sido asesinado en el portal de su casa de un tiro en la nuca.  Los etarras que lo mataron habían estudiado sus rutinas y lo esperaban escondidos en el hueco del ascensor.
            
            Unos años más tarde, sentados en una terraza junto al Genil, Pedro Mari Baglietto me contó la terrible historia de su hermano Ramón, al que un comando etarra acribilló a balazos cuando conducía de Elgóibar, donde tenía una tienda de muebles, a Azcoitia, donde residía. Uno de los asesinos se bajó del coche desde el que lo ametrallaron, para rematarlo. Lo espantoso del asunto es que se trataba de Cándido Aspiazu, a quien, siendo un niño, Ramón Baglietto había salvado de morir atropellado por un camión, en un accidente en el que murieron la madre y un hermano del terrorista.
          
          Aspiazu fue condenado a cuarenta y nueve años de prisión, de los que sólo cumplió diez, y cuando salió de la cárcel, para mayor escarnio de sus víctimas, montó una cristalería en los bajos del edificio donde vivían la viuda y los hijos de Ramón.
           
           Recuerdo perfectamente el día que Pilar, la madre coraje de los Pagaza, nos contó en el salón de casa de su hija Maite, cómo mandó al mismísimo infierno al obispo Setién una mañana que se lo cruzó por San Sebastián y la carta que escribió en el ABC, dirigida a Patxi López -hoy tercera vía de un PSOE cada vez más desnortado- en la que, con determinación y enorme lucidez hizo el diagnóstico de lo que estaba por venir: la aceptación del relato político de los asesinos y la manipulación de la historia.
           
           Por eso, cuando Maite Pagaza me envió al whatsapp el Manifiesto por un modelo de fin de ETA sin impunidad, que promueve junto a Fernando Savater, Consuelo Ordóñez y otros nombres históricos de la lucha contra ETA, lo firmé de inmediato y lo compartí con mis amigos y en las redes sociales en las que tengo cuenta. Porque, en estos tiempos de confusión moral, tenemos que lograr que el final del terror sea una historia de vencedores y vencidos, en la que los vencedores sean los buenos y los vencidos, los malos. A las personas de bien no hay que explicarles quiénes son los unos y quiénes los otros.

              * Publicado en GD Granada Digital ("Opiniones contundentes")

domingo, 2 de abril de 2017

¡Qué bello es bajar!


          Si usted, aficionado del Granada CF, no es lector de periódicos ni oyente habitual de radio deportiva, probablemente no se haya enterado de que lo mejor que le puede pasar al club de sus amores es bajar a segunda división.

            Sí, es verdad que el mensaje que la nueva dirigencia envió a la hinchada el día de su presentación fue el de dar un salto de calidad al equipo y evitar los apuros de las últimas temporadas, pero es que usted, estimado seguidor, quemó su juventud fumándose las hierbas que crecían en el cemento del viejo Los Cármenes y le cuesta captar las sutilezas del lenguaje empresarial.
  
          Tendrá que reconocerme, en cualquier caso, que la segunda promesa se ha cumplido de manera escrupulosa: este año le han ahorrado sufrimientos innecesarios, al instalar al equipo cómodamente en los puestos de descenso desde la primera jornada.

           Se ha hecho un esfuerzo, que como aficionado cabal sin duda sabrá agradecer, para que el equipo esté descendido cuanto antes y así evitar, en estos tiempos de incertidumbre sanitaria, que le dé a usted un ataque de ansiedad en la jornada 38 y la ambulancia no sepa si llevarlo al Clínico o al PTS.

          Por otro lado, es encomiable la labor pedagógica que están desarrollando en los medios los nuevos gestores para hacerle comprender, distinguido socio, que la Primera no es ni mucho menos la panacea. Ya lo advirtió Sergi Vieta en la presentación del proyecto: “Estamos muy limitados para invertir en la plantilla”.

            Con un pequeño esfuerzo intelectual entenderá que, para un club con las aspiraciones estratosféricas del Granada, militar en la “liga de las estrellas” supone un freno, un obstáculo que dificulta la realización efectiva del prometido salto de calidad. Como ha dicho el nuevo responsable deportivo, “a veces hay que retroceder para despejar el lío”. “El Granada”, ha añadido, “aspira a subir a la cima” y, para subir, primero hay que estar abajo.

        Libre de las ataduras económicas de la Liga Santander -que lastran la planificación deportiva- la aeronave rojiblanca despegará definitivamente y alcanzará mucho antes una confortable velocidad de crucero. Esa es la pura verdad y cuanto antes se le meta a usted en la cabeza, será mejor para todos.

       ¡No querrá que el club se mire en el espejo del Eibar, ese proyecto pueblerino que coquetea irresponsablemente con los puestos europeos!

              No, querido amigo, Europa puede esperar. Lizhang, enrolando en la tripulación a Tony Adams, ha apostado por el Grexit. Y, una vez consumado el descenso liberador, planea el asalto definitivo a la cumbre, para el que esconde un as en la manga: se llama Morticia.          

              * Emitido en Herrera en COPE Granada ("El lanzador de cuchillos")